14 octubre 2019

Un día para la historia



Todos los medios de comunicación están centrados en la información que procede de la publicación de la sentencia del llamado Procés, una de las más importantes de los últimos 45 años en España. Es ocasión de decir que el acatamiento completo de dicha sentencia representa una normalidad democrática. Esta sentencia y todas las otras que se hayan dictado por el Poder Judicial se han de acatar, como ya sabemos. Los imputados e imputadas han sido juzgados como hemos visto en directo (si hemos podido) y, si queremos, podemos leer las 495 páginas que se han utilizado para redactarla.

En cualquier caso, el cristiano no ha de depositar su confianza exclusiva en las personas, pues en muchas ocasiones nos sentiremos decepcionados y en otras aplaudiremos. Como lo que está pasando hoy. Unos querían que los imputados hubieran sido absueltos, o indultados o amnistiados. O que hubieran sido castigados con penas más duras. Y lo peor de todo, familias divididas, discutidas, separadas. Matrimonios rotos, hijos desavenidos.

Por ello, quien reparte verdadera Justicia es Dios Padre, Señor del Cielo y de la Tierra.

En este sentido, he recordado el Salmo 9 de la misa del pasado viernes 11 de octubre:


Te doy gracias, Señor, de todo corazón,
proclamando todas tus maravillas;
me alegro y exulto contigo,
y toco en honor de tu nombre, oh Altísimo. R.
El Señor juzgará el orbe con justicia.
Reprendiste a los pueblos, destruiste al impío
y borraste para siempre su apellido.
Los pueblos se han hundido en la fosa que hicieron,
su pie quedó prendido en la red que escondieron. R.
El Señor juzgará el orbe con justicia.
Dios está sentado por siempre
en el trono que ha colocado para juzgar.
El juzgará el orbe con justicia
y regirá las naciones con rectitud. R.

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