Cuando hacemos las maletas, muchas personas tienen a mano, en el móvil, en una agenda, la lista básica de lo que van a necesitar en las vacaciones que han elegido. ¿Qué es un mes en un camping? ¿Qué son 10 días en un crucero por el Mediterráneo? ¿Un fin de semana de cuatro días en una casa rural? ¿Qué vamos en avión y solo son 20 kg porque vamos a facturar la maleta?
Desde que lo reservamos, vamos pensando, comprando, ahorrando, conquistando mapas, guías, etc. Hacemos y deshacemos las maletas, las bolsas adicionales, la intendencia para los niños y mayores, las cremas solares, medicinas, los bastones para caminar, es decir, planificamos un sinfín de cosas y objetos para disfrutar de las vacaciones con pocas sorpresas.
Sin embargo cuando sucede una
catástrofe salimos con lo puesto.
Son tremendas las imágenes de los
incendios, de las inundaciones, de los vendavales, no solo por la destrucción
de la naturaleza y los bienes materiales sino porque detrás de todo ello, hay
personas, seres humanos, afectados y damnificados. Y muchísima gente que se
vuelca a costa de su propia vida para evitar que la desgracia sea mayor.
Salir de tu casa o de
donde estés con lo puesto es en sí dramático porque nunca sabes cómo y cuándo
va a acabar el desastre. Por eso hay que
tener una mochila (no necesariamente nueva) preparada para salir corriendo.
Hace unos años a raíz de la
invasión de Rusia en Ucrania, se difundió muchísimo a toda la ciudadanía
europea que preparásemos una mochila con dinero, linterna, medicinas, comida,
documentación, etc. Para muchos europeos al no ver un peligro inminente de
dicha invasión, el tema de la mochila quedó en el olvido. También surgió este
asunto con el grave apagón que sufrió España el 28 de abril de 2025.
Hemos de ampliar nuestra mente
para estar preparados para una emergencia. Piénsese por ejemplo, en un incendio
en el edificio donde vives, la caída de un árbol que cierra una calle, por
poner ejemplos más habituales. Es obvio que nos pondremos nerviosos, que nos
acordaremos de rezar más que nunca, que lo primero que haremos será salvar
vidas, las nuestras y las de los que están más cerca, entonces también será
normal que nos falte ánimo o tiempo para preparar una mochila de urgencia.
De esta cuestión tuve ocasión de
hablar con un taxista que me dijo que él cogería el álbum de fotos de sus
padres, que es irrecuperable porque sus padres ya murieron. Yo le dije que
salir corriendo con el álbum era una posibilidad, pero que si lo llevase a una
tienda para que le digitalizasen las fotos, se aseguraría de no perderlas.
Así que para después de las
vacaciones, podríamos preparar una mochila para cada miembro de la familia, sin
agobios, sin miedo y sin angustias. Podemos tener mochilas viejas o que los
niños ya no las utilizan, linternas, un dinerillo ahorrado, cargadores de
móvil, en fin, poner sentido común porque cada uno sabe lo que necesita.
Foto Isabelita






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