13 abril 2014

La reconciliación con Dios

El Señor esté en tu corazón para que te puedas arrepentir y confesar humildemente tus pecados. Con esta frase muchos sacerdotes católicos de la Iglesia universal inician el acto de la confesión cuando un penitente se acerca al confesionario.  Es un saludo especial pues te prepara para respirar hondo y empezar a decir todo aquello que nos ha separado de Dios desde la última confesión. O quizá sea la primera confesión que hacemos en nuestra vida, ¡siempre hay una primera vez!, y estará bien. O quizá después de muchos años, en estos días pasados de la cuaresma nos hemos sentido removidos y nos hemos propuesto la gran aventura de nuestra alma: ir a confesarnos en semana santa para celebrar en el Domingo de Resurrección la vuelta a una nueva primera comunión.

Este acto de la confesión es muy sano para el alma, más que una maratón para las piernas. La iglesia manda a todos los católicos que nos confesemos una vez al año. El santo padre Francisco ha dicho públicamente que se confiesa cada quince días, y no hace mucho dio ejemplo a todos los presbíteros que hay que ponerse a confesar, y él así lo hizo. Así que en esta semana santa, reconciliarse con Dios será el mejor viaje que hagamos por el mundo pues nuestra alma navegará ligera. Y libre de culpa se sentirá felicísima, ¡como nunca!, y como cada uno vive con su alma, cada uno ha de vigilarla y cuidar de ella.

Pero antes, si sabemos, hemos de examinar nuestra conciencia. Si no sabemos, nos vamos al sacerdote que se halle en el confesionario, y con humildad y sin prefacios, pues ¡Hale! Me quiero confesar que hace miles de años que no lo hecho y tengo un nosequé dentro que no se por donde empezar.

Si sabemos confesarnos, o sabemos un más o menos, el examen de conciencia para los casados ha de incluir todas aquellas cosas que hemos hecho, pensado u omitido, desviándonos del amor certero y entero al cónyuge… ¿he mirado con deleite a otros hombres? (o mujeres en caso de ellos) ¿Lo he hecho con ganas de algo más? ¿He cometido adulterio? ¿Cuántas veces? ¿He ayudado a cometer adulterio? ¿Miro páginas web pornográficas?..... ¿He discutido con él agitadamente de banalidades? ¿Lo he desautorizado en público, delante de los hijos o de otras personas?.... Y cosas así.

Sobre todo, hay que tomar notitas de todo el examen, pues a pesar de las bellas palabras del sacerdote, sean las que sean, a veces entra dolor de estómago o se nubla la mente, cuando uno tiene que empezar a decir el montón de faltas y pecados que ha cometido pues no es fácil acusarse.


Os deseo una feliz experiencia para vuestra alma que es lo más bello de nosotros mismos, en esta semana santa. Si la cuidamos, también sabremos cuidar la de nuestro cónyuge, la de nuestros hijos, nietos….la de todos los que nos rodean.

*Compendio de Catecismo, puntos del 295 al 312
* La foto es del día 29-7-2013 en la JMJ de Brasil

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