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My name is Granny

La temporada escolar ha finalizado, con la llegada del solsticio de verano las actividades escolares y universitarias se acaban. Se ha intentado equiparar el curso docente a los modos de otros países pero el calor, las olas de calor, hace que alargar el periodo escolar, sin aire acondicionado en las aulas, incluso de los centros universitarios, sea muy difícil soportar las clases; baja la atención y la mayoría de los alumnos se ponen muy nerviosos, y además unos y otros se contagian de inquietudes y en definitiva se pierde el tiempo, y no digamos los profesionales de la enseñanza a saber qué pueden hacer. Así que en este país ha de ir el horario escolar de esta manera.

Pero ¿y los padres qué hacen con sus hijos? Los padres nos lanzamos (o nos habíamos lanzado) a inscribir a nuestros hijos a cursos de verano de muchísimas variedades deportivas, de naturalismo, de idiomas, de música….de lo que se pueda. Pero son tres meses! ¿y el resto del tiempo? Aquí los abuelos hacen un gran servicio. A continuación aparecen los medios de comunicación, y como si fuera una gran noticia, pretenden describir a los abuelos como víctimas de los nuevos tiempos pues, al parecer, los nietos nos roban un tiempo que podríamos dedicar a otra cosa mejor. Pero sinceramente se quedan con las ganas pues los abuelos, cuando ejercemos ayudando a nuestros hijos y a nuestros nietos, nos sentimos felicísimos. Ocurre, sin embargo, que se da el caso de las abuelas modernas, es decir, las que todavía somos jóvenes, o sea, todavía trabajamos, y no podemos dedicarnos todo el tiempo que queremos a nuestros nietos, pues los nietos son la prolongación de nuestros hijos y mal que les pese a muchos los quieres muchísimo. Y sufres cuando no puedes ayudarles más.

Así que ¡periodistas del mundo!, los abuelos somos y formamos parte de la familia, y ésta unida vivirá para siempre. Por ello me gusta que me llamen Yaya, Abuelita, Abuela, Granny


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