Que el Niño Jesús renueve en nosotros la virtud de la esperanza que no defrauda
En breve será Nochebuena y al día siguiente Navidad. Los más pequeños y jóvenes de la familia habrán cerrado los libros y las obligaciones docentes y las familias pasarán unos días al completo, unos van o vienen para ver a sus más queridos. No hemos de olvidarnos de los enfermos, hospitalizados, en residencias o en prisiones que formen parte especialmente de nuestro grupo de familiares y amigos para atenderles también en estos días de mucho trabajo, estrés y emociones. A pesar de ello, no nos separemos de lo que realmente celebramos. No se trata de regalos, banquetes, comilonas y fiestas, se trata de la celebración del cumplimiento de las Sagradas Escrituras Bíblicas: el Mesías en la persona de Jesús entra en la historia de la humanidad para salvar nuestras almas y cuerpos y llevarnos a la vida eterna, estado en el que estaremos en la perfecta felicidad.
Así que quiero felicitaros la Navidad y para ello he tomado del sitio web oficial el mensaje del prelado del Opus Dei dirigido a todos sus miembros, cooperadores y a todas esas personas allegadas o no a la Obra, cristianos a o no. Os invito a leerlo.
“Queridísimos: ¡que Jesús me guarde a mis hijas y a
mis hijos! En pocos días celebraremos la Navidad: el nacimiento de Cristo, el
Hijo de Dios, que ha asumido nuestra humanidad hasta sus últimas consecuencias,
salvo el pecado. Es tan grande el amor que Dios nos tiene que ha querido
incluso hacerse Niño: débil, indefenso, necesitado del cuidado de María y de
José.
Este Niño que
contemplamos en el pesebre pasará la mayor parte de su vida como uno más: en la
comunidad judía de Egipto y luego, en Nazaret, conviviendo con sus familiares y
amigos, participando de las fiestas y de las penurias de su pueblo, aprendiendo
y trabajando en el taller con san José.
El portal de
Belén es reflejo fiel de la universalidad de la redención: pastores y reyes,
tan diferentes externamente, se encuentran unidos por su deseo de adorar al
Mesías. La salvación que nos ofrece el Señor no se circunscribe a unos pocos
privilegiados, sino a todos: hombres y mujeres, jóvenes y ancianos, de todas
las etnias y procedencias. En este mundo tan necesitado de paz –nuestro corazón
se dirige ahora a tantos lugares azotados por la guerra y a tantos hogares
fracturados por los conflictos–, los cristianos estamos llamados a anunciar la
universalidad de la salvación ofrecida por Jesús.
En los días de la Navidad, la gran alegría del
nacimiento contrasta con el sufrimiento de los santos inocentes y las penurias
de una huida repentina. Así, desde el inicio la misión de Jesús está atravesada
por el signo de la cruz. San Josemaría, al hablar de la necesidad de unir, de
comprender, de perdonar, ponía como referencia la actitud del Señor en el
Calvario: «La Cruz de Cristo es callar, perdonar y rezar por unos y por otros,
para que todos alcancen la paz» (Via Crucis, VIII estación, n. 3). En este tiempo
de paz, procuremos que ninguna barrera se interponga entre quienes nos rodean.
Si alguna de nuestras relaciones se encuentra dañada por un conflicto o un
resentimiento, pidamos la humildad para pedir perdón o perdonar, considerando
que Dios es el primero que no duda en ofrecernos su perdón cuando nos acercamos
a él arrepentidos: con su gracia, Él nos ayudará a forjar un corazón
misericordioso y abierto a todos, como el de su Hijo.
Al contemplar a
la Sagrada Familia en el portal de Belén, se nos viene a la cabeza la situación
de tantas personas que, como María y José, carecen de lo necesario para cuidar
de sus hijos. Recordemos unas palabras del Papa León XIV en su exhortación apostólica
Dilexi te: «Ningún gesto de afecto, ni siquiera el más pequeño, será olvidado,
especialmente si está dirigido a quien vive en el dolor, en la soledad o en la
necesidad» (n. 4). Os animo a que durante el tiempo de Navidad no falten en
vuestras familias algunos gestos concretos de afecto hacia los más necesitados,
sabiendo ver en cada uno al mismo Jesús que nace en Belén.
Que el Niño
Jesús renueve en nosotros la virtud de la esperanza que no defrauda, y que la
Sagrada Familia nos enseñe a mirar el futuro con la confianza serena de quien
se sabe en manos de Dios. vuestro Padre. Fernando Ocáriz. Roma, 15 de diciembre
de 2025.”
Fotografia Vaticans News