10 agosto 2016

Embajada de adulterios

He visto la serie completa de televisión española La Embajada. Inicialmente, asoma el panorama de la corrupción, entendida ésta solo como económica, pero hasta la mitad de la serie, se ha abusado de escenas expresivas en materia sexual, totalmente innecesarias pues la trama es si misma ya era buena. Son imágenes molestosas y que sobran. Por eso el sistema de ver la serie a posteriori de su emisión, quitando la publicidad y las escenas que se pueden dar a entender con total elegancia, como hacen los mejores directores de cine, te permite seguir la trama del guion perfectamente diseñado. Retratan la embajada de Tailandia como un lugar de reboce de personas sin más aprecio entre ellas que el interés económico que tal o cual persona pudiera proporcionar, en definitiva, vemos una embajada de adulterios.
Como las combinaciones de pareja parecía que se habían acabado, la trama de empresas opacas, mordidas, comisiones, asesinatos, crímenes, suicidios, compra y venta de información  empezó a aflorar, pues cuando se pasa la línea de lo que no está bien, ni 34 millones de euros te parecen suficientes, y se sigue amasando más dinero que no es tuyo y además es sucio pues ha nacido de la perversión de los sentidos y de las cosas.


Salvando todo lo que sobra (quizá haríamos una hora de cortes), por el carácter interpretativo de cada uno de los personajes, hasta el juez, y la interesante trama, merece la pena verla, pero ¡ojo! con el mando en la mano para ir cortando. 

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