15 julio 2014

Mujer helicóptero

El Raval es un barrio de Barcelona que se ha puesto de moda por su transformación cultural. De forma habitual se desarrollan, en paralelo, muchas actividades de diversas características. Recientemente tuve ocasión de ir con mi marido al XI Encuentro del arciprestazgo Rambla - Poble sec . Resultó muy interesante recorrer la historia de la Casa de la Caridad de Barcelona hasta la actualidad y a la vez conocer un poco más el proyecto Raval Cultural, promovido por el ayuntamiento de la Ciudad.

Justo cuando se iniciaron las charlas de aquella tarde al aire libre en el Pati Manning, en donde tiene su entrada principal la iglesia de Santa Maria de Montalegre, empezó a sobrevolar un helicóptero. Al principio parecía como un barrido de la zona, a corta distancia. Pero volvió, y volvió. Empezó a resultar molestoso. Identificamos que era de la Policía. Las especulaciones, entre algunas personas, surgieron fácilmente, como la persecución a un delincuente o la manifestación reclamando esto y lo otro, aquí y allí, etc.  Los ponentes tuvieron que adecuarse a la situación pues efectivamente el helicóptero pasó a ser incordiante. Llegados al final e iniciándose el coloquio, el helicóptero se fue definitivamente por donde había venido.

Aquello me dio que pensar en lo que nos gusta a las mujeres controlar nuestro entorno. Unas veces por exceso de orden y otras por celos. Sobrevolamos constantemente sobre la vida de nuestro esposo y de nuestros hijos (entre otros entornos) y en ocasiones no atinamos que con ello estropeamos algo maravilloso como lo es la confianza en ellos. Es evidente que debemos saber muchas cosas de nuestros hijos, de nuestro esposo, de nuestro matrimonio. Pero la vida de cada persona no es como una nevera que la abrimos y hacemos lista de lo que nos falta y de lo que todavía tenemos al fresco.


Por eso pensé que no deberíamos ser esposas, ni madres, ni suegras helicóptero pues podemos llegar a ser realmente muy molestosas, desagradables e inoportunas, y no valdrá la excusa de que lo hacíamos por amor. En definitiva, la mejor manera de dar amor es la de no molestar.

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