04 agosto 2011

¿En qué piensan los hombres?

Las batallas contra las mujeres son las únicas que se ganan huyendo, así de claro lo dejó dicho y escrito el emperador Napoleón Bonaparte, del cual no se puede discutir que no supiera de guerras y enfrentamientos bélicos cuerpo a cuerpo, un gran estratega. Sin embargo lo tenía claro: con nosotras la mejor manera de salir airoso era poniendo tierra por medio. Y eso que a él le gustaban las mujeres, sabido es por las muchas historias que conocemos.

Pero ¿en qué se fijan los hombres?. La respuesta es de alta dificultad, pues nosotras nos arreglamos para nosotras (eso decimos), pero en realidad lo hacemos para que nos miren nuestros maridos de forma especial, y para no desagradar a los demás, no porque estemos de caza sino porque antropológicamente nos gusta presumir.

Y si no te lo puedes creer, no hay más que darse una vuelta cultural por los museos de historia del mundo entero, en París, Londres, New York, Barcelona y muchos etc. En todos, desde las civilizaciones más antiguas hay restos de joyas, perfumadores, cremas, atuendos, ropajes, de bellas mujeres antepasadas. Y ¿hoy en qué se fijan los hombres aún pasado el tiempo de los tiempos? Es probable que casi en lo mismo, ¿en los ojos, en las curvas? ¿En tu perfume? ¿En los pies, en la forma de caminar, de gesticular? O…. ¿en qué?

A mi hace pocos días me pasó una cosa de buena mañana. De camino al trabajo en el subway o metro, como  es habitual iba leyendo un libro interesante en mi palm, para aprovechar el tiempo. Entonces me di cuenta que llevaba el blusón del revés, vaya!, pensé, me había vestido a media luz para no despertar a mi marido. Pero sin darle mayor importancia seguí mi lectura con la espalda recostada contra la puerta que no se abre durante el recorrido, el mismo de cada día, de lunes a viernes. Seguí absorta las cinco paradas que me llevan al intercambiador con la otra línea de metro que debo coger para llegar a mi destino. Salí del vagón y en medio del tumulto un varón más joven que yo, pasó por mi lado y en tono simpático me suelta “llevas la blusa del revés” Ah! Gracias señor, me di cuenta…, le dije, y los dos riendo. Después de su frase, salió huyendo!. Yo seguí rápido, pero no tanto, hacia mi nuevo metro pero con esta pregunta en mi cabeza ¿en qué se fijan los hombres a las 7.45 de la mañana?. Ni idea de quién era, ni tampoco era mi blusa una cosa rara del revés, además con la moda de los pantalones rotos, descoloridos, yo no me veía como para llamar la atención de nadie y menos a esa hora en la que el café todavía no ha hecho efecto. Pues, guapas de cualquier edad!, ellos se fijan en todo, y todo es todo, vayamos como vayamos, son ellos así y que no cambien, claro! pues la vida es mucho más amena con las diferencias.

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