julio 20, 2011

Playas textiles, por favor!

Vamos a la playa, calienta el sol… decía una canción. Pero es así, cuando empieza el calor del verano se produce un éxodo hacia las zonas costeras impresionante. Todos queremos plantar la sombrilla y nuestros enseres lo más cerquita de la orilla del mar, sin embargo de esta clase de orilla no hay para todos, y hay que colocarse más hacia atrás. Así que en la mayoría de las playas hay tanta concurrencia que oímos las conversaciones, los aparatos de radio, y hasta los ronquidos de aquellos que el sol les somete en un sopor, a veces nada conveniente. Pero la convivencia es esto, más o menos es ir combinando las circunstancias ajenas con las propias.

Sin embargo, cuando se superan los límites del pudor y de la modestia, se producen conflictos, y es cuando hay que empezar a poner límites. En ese sentido se crearon las playas o zonas nudistas. Hay quien quiere estar desnudo, le gusta, y le gusta estar con otras personas desnudas. Yo sinceramente no le encuentro la gracia pero es tan antiguo o antiquísimo que no vale la pena hacer comentarios. Allí están, tienen sus hoteles y sus  bares donde plantan su pompís al aire, y otros miembros. Y como no se puede entrar con ropa, pues muchas gracias yo no voy.

No obstante hay un gran grupo que dice no identificarse con los nudistas, ay no por favor!! Y quiere ir a las playas donde vamos las personas que no nos gusta lucir nuestra carnicería, y dan la lata bien sonada con todo el pecho a la vista, sea la edad que se tenga. Y por supuesto el pompís también tiene que ponerse bronceado, pero como llevan un trocito de no se qué cosa en el referido pompís pues : Ya voy vestida. - Pues no señora no, ni va vestida ni haciendo uso de mucha imaginación, va desnudita, desnudita, y horrorosa, aunque sea crea la Venus de Milo. Si le gusta ir desnuda, vaya a la de los nudistas, que allí van como usted.

Esta podría ser la conversación con cada una de las muchísimas mujeres que sin ningún tipo de pudor se instalan en nuestras playas, pues en otros países del mundo la cosa no va como aquí. Lo mejor sería promocionar las playas textiles y de verdad la belleza femenina enfundada en esos preciosos bañadores que realzan la figura y la estilizan, combinados con estupendos pareos, coleteros, cestos, pañuelos, pulseras, chanclas, sombreros, pamelas, sin gastarnos mucho de dinero, y bien chulas y guapas que iríamos. Hay que proponerse invadir las playas de mujeres de bandera con todos los colores y flores, además protegeríamos mejor nuestra piel de los dañinos rayos sol, enseñaríamos a hijos y a nietos a divertirnos con decencia, y nuestros maridos estarían más tranquilos, que para ponerse contentos ya estamos las esposas.




Mi matrimonio, de fiesta en fiesta