marzo 19, 2017

Va de trampas


Me contaba un amigo que la unión de parejas de hecho, inscritas en un registro de un ayuntamiento no da garantía de nada, además pueden ser engañosas ya que pueden ser el subterfugio consistente en demostrar una unión, en un determinado momento ante un notario y comprar patrimonio con algunas ventajas (aparentes) por ser pareja, y, en especial, pareja de homosexuales o pareja de lesbianas. Como la ruptura de esas parejas se producía casi al día siguiente de la adquisición patrimonial, en adelante podía surgir la mayor desventaja con la que no contaban: Si uno de los miembros de la pareja, creada fraudulentamente, no pagaba la hipoteca, el banco iba al otro a cobrar, que ni se acordaba del nombre de aquella persona que, por unas horas, había sido su pareja.

Además de constituir un negocio a base de trampas que, como suele pasar acaban mal, también se engañaba a las estadísticas. De esta manera, aumentaron en algunos lugares el número de inscripciones de parejas de homosexuales o de lesbianas.


Ese subterfugio lo montaron algunos despabilados para ganar más dinero en la no tan lejana burbuja inmobiliaria. Y una piensa, ¿por qué de homosexuales o lesbianas? Muy sencillo porque ninguna de las personas que formaban las parejas de mujeres o las parejas de hombres se gustaban entre sí ni les interesaban las personas del mismo sexo. Tampoco se trataba de hacer un favor a un amigo. Simplemente eran del mismo sexo, con pene, en el caso de hombres, y con vulva en caso de mujeres, porque si hubieran sido de diferente sexo, alguno de los dos hubiera podido pedir o exigir su derecho de pernada. 

Mi matrimonio, de fiesta en fiesta