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Un día grande

Todos los católicos nos hemos de congratular por la celebración en este 27 de abril de 2014 de la canonización de los santos padres Juan XXIII y Juan Pablo II, en el día dedicado a la Misericordia, fiesta proclamada por san Juan Pablo II para el domingo siguiente al de la Resurrección del Señor. Si no fuera domingo, litúrgicamente en Catalunya (España) se celebraría la advocación mariana de la Virgen de Montserrat, la imagen de la cual se encuentra en el santuario del monasterio benedictino de la montaña de Montserrat, muy cerca de la ciudad de Barcelona. Como es la patrona de Catalunya, su devoción durante siglos se ha manifestado de muchas maneras, como suele pasar en estos casos.

Sin lugar a dudas, el imponer el nombre de Montserrat ha sido muy común por estas tierras, nombre que coloquialmente se ha reducido a Montse o a Muntsa, por ejemplo. En el arte, también podemos encontrar muchísimas muestras pero la más curiosa y que, recientemente, descubrió mi marido, fue en la misma plaza de Catalunya de Barcelona. Miles de personas transitan por esta plaza cada día, turistas, gentes de paso, barceloneses que van y vienen de sus compras, encargos, trabajo….etc. Estamos tan acostumbrados a ver, sin fijarnos, la veintena, o más, de figuras y estatuas que jalonan toda la plaza que no imaginarías nunca encontrar, entre los Hércules y las bellas damas desnudas, una imagen de la Virgen de Montserrat. Así las cosas, en busca de ella, la Santísima, miramos, una a una. Y en los brazos de una estatua de bronce del escultor Eusebi Arnau de 1929, que emula al Moisés de Miguel Ángel, la Virgen estaba en sus manos, como si fueran las tablas de los mandamientos. 


Celebremos que estos nuevos santos, ellos sí, están en los brazos de la Virgen, y van a interceder por nosotros muchos más, a partir de ahora, en la comunión de los santos.

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