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Desaparición en pleno vuelo

En otro tiempo, en el que las telecomunicaciones no estaban tan avanzadas, hubieran salido voces diciendo que el avión que despegó de Kuala Lumpur a las 00.41 hora local (16.41 GMT) del viernes 7 de marzo de 2014 y que tenía previsto aterrizar en Pekín unas seis horas más tarde, desapareció por la intervención de un OVNI (Objeto Volador No Identificado). Sin embargo, hoy en día, los aviones, cada una de sus partes y contenidos, están fabricados y montados para ser localizados. En cualquier lugar, y en las inmediatas horas los aviones contienen muchísimos avisadores (en las alas, en los chalecos salvavidas, etc.) que emiten señales para ser localizados en caso de accidente o ataque. Por lo tanto es normal que las autoridades de los diferentes países que están implicados en la búsqueda y rastreo de cualquier indicador que nos diga dónde está el Boeing de Malaysia Airlines, estén volcadas y trabajen al unísono para rescatar las 239 personas que iban a bordo, por un total de 227 pasajeros, incluido 7 menores, y una tripulación de 12 malasios.
Todo parece indicar que se trata de un secuestro. Y tiene al borde de la desesperación a tantísimas familias como el conjunto de pasajeros que en aquella ocasión habían decidido ir a Pekín, y también a las familias de la tripulación que estaba en ese avión por razones de trabajo. Es gravísimo un hecho como éste, es deleznable si finalmente se confirma que ha sido un secuestro, el cual ya ha cumplido más de diez días, y oficialmente no se sabe quiénes los han realizado ni qué quieren. Se trata de un sin vivir para los que están a saber dónde, y otro calvario para las familias que están a la espera de un atisbo de conocimiento de lo qué está pasando. 
Nos apura pensar que se trate de un crimen tan grave como el de retener a tantos seres humanos a cambio de algo que no se sabe de qué se trata. Preferiríamos equivocarnos en esta reflexión común de los medios de comunicación y que surgiera la noticia de un malogrado accidente o de un aterrizaje forzoso para evitar lo peor. Sin embargo no hay nuevas informaciones en las últimas horas que digan otra cosa.

Ahora, también, es importante tener confianza en Dios, y rezar por esas familias, ya destrozadas, por no saber dónde y cómo están sus seres queridos. Rezar por las 239 personas, que de momento están desaparecidas en el espacio aéreo. Rezar por la paz, pues si se trata realmente de un secuestro, que éste se resuelva de una manera diplomática. Y al hilo de lo que hoy ha dicho el santo padre Francisco en Santa Marta, ser misericordiosos pues la misericordia es el camino de la paz en el mundo.

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