septiembre 25, 2011

El humo que no cesa

Cuando en Estados Unidos, hace más de cuarenta años, llegaron a la conclusión de que resultaba más gravoso para la economía americana curar a los enfermos de cáncer por causa directa del tabaco que lo que se obtenía de los impuestos por su fabricación, venta y consumo, se iniciaron las primeras campañas contra el tabaco, contra las tabacaleras y los fumadores activos; a continuación todo este tinglado se fue difundiendo por el mundo occidental. Humphrey Bogart y todos los artistas de su tiempo perdieron su escaño en la moda y surgió el tipo duro y musculoso que ni fuma ni duerme. No obstante, y aun siendo cierto lo de las cifras y el alto número de muertes e incontables sufrimientos, ahora el tabaco se vende a toneladas en la China y en otros países de Asia, en espera de las mismas conclusiones.

Pero antes de estas cifras, mucha gente de bien no veían en el fumar algo seductor o un calma nervios, lo veían como una molestia y un perjuicio para la salud. Y en esta tesitura me ha sorprendido la lectura de un cuento que me ha enviado un seguidor anónimo de esta web. Se publicó en un diario español el 1 de marzo de de 1958, cuyo autor, D. José María Pemán, fue un escritor muy prolijo de una época nada gloriosa de mi país.
Salvando pues las condiciones históricas, el cuento que adjunto, titulado “Dejar de Fumar”, puede hacer saltar más de una sonrisa, y aumentar un tono al buen humor que tanto hace falta en la vida cotidiana.

Cuento de Pemán Dejar de Fumar

Mi matrimonio, de fiesta en fiesta