Te doy gracias Señor porque quisiste que tomase como esposo a Joan

 En aquellos años de juventud, en medio de cambios de régimen y de políticos, de una actividad social frenética, en el año de los Tres Papas y de la aprobación de la Constitución Española, mi marido y yo nos casamos en pleno mes de abril. Aquel momentazo sucedió hace 48 años. No sabíamos ciertamente en qué nos habíamos metido, solo queríamos estar el uno con el otro, después de varios años de noviazgo. Así las cosas con amor y paciencia, a veces más del uno que del otro, y después compensando, con el paso de los avatares de los diferentes impulsos profesionales, los hijos, las dificultades y muchas alegrías hemos ido tejiendo una vida hasta sentirnos realmente una Solacarne.


Siendo diferentes en muchísimas cosas, y uno hombre y la otra mujer, con el tiempo hemos creado un hilo que nos une por ambos extremos que no se puede cortar. Dios nos ha ayudado a sentir la dependencia del uno en el otro y viceversa. El uno del otro no depende materialmente hablando, pero el ser y la esencia de todo que es Dios nos mantiene en esa unión sagrada del matrimonio, que no conocíamos al principio y ahora es el propio devenir de nuestra vida en común.

Por eso hace muchos años que celebramos esa fiesta nupcial. Pero más recientemente en el mismo día del aniversario y con la expresión del rito matrimonial en la santa misa repitiendo las palabras que están escritas en el Rito de la celebración del Matrimonio. Dirigidos por el sacerdote que celebraba repetimos con sinceridad y emoción la perseverancia de nuestra entrega mutua, ante Dios y compartiéndolo con los que estaban presentes en aquella celebración.

Luego seguimos nuestra celebración con un almuerzo privado, un paseo por un centro comercial y una sesión de cine divertida, es decir, todo normal.

El Matrimonio es una obra de arte

 Viajamos a Madrid, mi marido y yo nuevamente. Pero esta ocasión era especial pues asistimos al enlace Matrimonial del hijo de una amiga mía. Fue un enlace ante Dios, en el rito matrimonial de la santa misa de aquel sábado por la tarde. Los novios habían vivido su noviazgo con pleno conocimiento de que si iban a casarse sería para toda la vida. No había engaño ni tapujos. Ambos católicos bien formados se comprometieron, según establece la doctrina católica del sacramento del Matrimonio, para el bien de los cónyuges y para el bien de los hijos, siendo los cónyuges una sola carne.


Estas máximas doctrinales, a pesar de los miles de páginas escritas a lo largo de los siglos del Magisterio de la Iglesia, si bien se han mejorado es su expresión lingüística, no han cambiado. Es más, aunque el vínculo jurídico-humano se rompa con la muerte y el viudo supérstite pueda volverse a casar, la imprimación del carácter del sacramento se lo lleva el alma por toda la eternidad.

Pero volvamos a la celebración. Una vez acabada, el hermano mayor del novio, Fernando, un intelectual y humanista de nuestro tiempo, les brindó unas deliciosas palabras a los novios, los cuales son unos artistas en cuanto a su profesión de profesores universitarios. Algunas de aquellas palabras las anoté en mi cuaderno de notas del móvil, y en un flash electrónico me han reaparecido y eso que yo pensaba que se las había llevado el viento digital.

Queridos Paula y Enrique acabáis de crear una gran obra de arte, pues el Matrimonio es una obra de arte. Tiene una composición muy variada que conforma la familia. Primero están los padres de cada uno de vosotros, vuestros hermanos, ahora vosotros. Cada uno de los miembros aporta un color, una luz, que es la luz del amor y habréis de pensar cómo amar cada uno al otro, cada día a la luz de Dios. Cada uno aportareis creatividad a este nuevo matrimonio y si Dios quiere participareis de su creación con vuestros hijos a los que habréis de enseñar, sin ser proyección vuestra.

Estas palabras nos invitan a todos los que estamos casados y a todos los que pueden aconsejar en este sentido a hacer una reflexión para ver cómo podemos mejorar en nuestro matrimonio sea cual sea la edad de éste.

Foto Isabelita