El matrimonio de san Luis de Francia
Cuando nos hablan o leemos cosas de santos, nos puede venir a la cabeza que en su vida mortal hayan sido, en caso de varón, sacerdotes, frailes, Papas... o en caso de mujer, monjas, en decir, clérigos o religiosas. Sin embargo, el santoral, es decir, aquella lista de personas que la Iglesia ha oficializado como santas, está llena de laicos y laicas, de bautizados que no han sido consagrados o no han tomado los hábitos, ni llevan alzacuellos. Incluso, en el santoral podemos encontrar hombres y mujeres que han llevado corona y que han sido esposos y esposas ejemplares, como lo fueron Santa Isabel de reina Hungría, Santa Isabel de reina Portugal o San Luis rey de Francia.
Luis IX fue uno de los numerosos hijos de Luis VIII y Blanca de Castilla. Fue educado por su madre, ante la pronta muerte de su padre, en la piedad y en la mortificación, en el dominio de sí y en la castidad, todo ello limó su carácter violento y le hizo un hombre prudente, valiente, y defensor de
San Luis dejó un testamento espiritual profundo y conmovedor, dirigido a su sucesor Felipe III el Atrevido, por el que le animaba a que fuera un rey santo, amado por Dios y por su pueblo. A la muerte de su vida ejemplar, corrió por toda Francia su fama de santidad. Su canonización fue rápida, el 11 de agosto de 1297. A pesar de los siglos, el 25 de agosto, muchos Luises y Luisas siguen celebrando en ese día su onomástica.
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