En cualquier momento necesitamos la ayuda inefable del Espíritu Santo para que todo lo que digamos sea cierto, no moleste y sea la voluntad de Dios: en el desarrollo de nuestro trabajo profesional, tanto si es intelectual como manual, o ambas cosas, si estamos de excursión surcando sendas y caminos a pleno sol y sudando porque nos da la gana, al hacer la lista de la compra para ir a nuestro supermercado habitual, o si nos han metido en el sarcófago de una resonancia magnética y estamos a punto de gritar porque no podemos más, o si estamos preparando la artillería pesada para discutir con nuestro marido... En definitiva, ahora y siempre, para Él ninguna ayuda que le pidamos le resultará difícil resolverla, y para nosotros es una garantía de acierto.
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