Si quieres hacer un viaje cultural una alternativa es Nápoles, al sur de Italia. La imponente montaña del volcánica del Vesubio te rodea durante todos los días de la visita a la ciudad y a su entorno, como Pompeya y Herculano.
En verano hace mucho calor y como lo que hay que hacer es caminar bastante, casi es mejor buscar otras fechas. Pero esto dependerá de la edad de los viajeros y la ocasión para viajar. Lo que sí quiero destacar es que podéis organizar ir a misa cada día. Hay muchas iglesias católicas abiertas y con culto ¡gracias a Dios!
Cuando mi marido y yo viajamos a
Nápoles era primavera y tuvimos un tiempo variable y agradable. Lo que nos
sorprendió mucho fue que la ciudad tenía un aspecto muy antiguo y sucio pero
allí te lo explican: la mafia napolitana se quedó con los fondos europeos
y como consecuencia de ello los problemas en el asfaltado y la basura en las
calles no los han solucionado. Pero el napolitano no se arredra, sigue adelante
y si ha de barrer y limpiar su trocito de calle lo hace, cosa que ves muchas
mañanas cuando abren los comercios de la avenida Toledo del Barrio Español.
Es recomendable comprar una guía
turística de la ciudad antes de viajar. En ella puedes leer que las ruidosas
motos forman parte del espectáculo junto a la ausencia de semáforos, pero no
hay ningún problema ¡se paran!
Es muy común ir en el Funicular
hasta el final del trayecto para visitar la Cartuja y el Castillo, y, en la
otra montaña, visitar los jardines y un palacio así como el Museo Nacional de
Capodimonte que contiene una gran pinacoteca. La zona turística de Spaccanapoli
está compuesta de cientos de calles estrechas que confluyen en la calle más
larga de la ciudad de dos kilómetros, casi en línea recta. En aquella zona es
obligatoria la visita a la catedral o Duomo, con San Genaro, un santo de gran
renombre por sus favores y milagros. También el convento de Santa Clara con un
inmenso claustro de baldosas de colores y formas florales.
No hay que preocuparse por el comer y el beber. Se come bien o muy bien en cualquier sitio. Todos las frutas y verduras crecen en unas tierras fértiles gracias a la lava del Vesubio, así como las viñas de las que se elaboran buenísimos vinos. También los dulces en aquella región son muy sabrosos, en especial los BABÁS, que los deleitas con una copita de limoncello, licor original de aquella región.
Capítulo aparte es visitar
Pompeya. En una guía se cuenta que En el año 79 tendría lugar el trágico
acontecimiento que marcaría el rumbo de la historia de la ciudad. Una mañana,
de improviso y sin avisar, el volcán Vesubio despertó arrojando su ira contra
la ciudad para sellarla y dejarla sepultada por las cenizas. El recorrido a
pie es de cuatro horas si no te quieres perder nada. Pompeya conserva calles no
solo de la época romana, sino también griegas. Constantemente la reconstruyen.
Nosotros no estuvimos tanto tiempo caminando pero para los amantes de la
romanización no os la podéis perder.
Igualmente hay que visitar Herculano (Ercolano) que fue sepultada por el Vesubio en la misma fecha pero quedó sellada por la lava de tal manera que cuando se descubrieron parte de sus restos en 1709 fue una auténtica sorpresa. Y no fue hasta 1980 que hallaron más de 200 esqueletos lo cual movió al desarrollo de la exploración que ahora podemos contemplar en un estado de conservación espectacular. Su museo es precioso, conserva piezas auténticas y enteras de hace más de 2000 años.
Y ya no queda más que tomar el
avión de vuelta a tu destino de origen. No olvides que los hoteles apenas están
anunciados ni están en planta baja. En Nápoles hay muchos palacios que lo
dejaron de ser para convertirse en casas de vecinos y las estancias de Best
and Breakfast es lo más habitual. No os fieis de lo que encontréis en
Internet, apenas hay hoteles en la ciudad.
¡Buen viaje!
Fotos Isabelita


