La luz de tu rostro, Señor

La lectura del Libro de los Salmos es una constante oración a Dios, Padre y Creador nuestro. Cualquier fragmento es una alabanza, esa otra manera de rezar, además de pedir por nuestras necesidades, de pedir perdón por nuestras faltas y pecados y dar las gracias por todo lo recibimos, tanto si nos gusta y como si no nos gusta. 

Este pequeñísimo extracto del Salmo 4 (9) es una oración deliciosa para antes de irnos a dormir por la noche:

En paz me acuesto y en seguida me duermo,
porque tú solo, Señor, me haces vivir tranquilo.

 En La Biblia, Antiguo Testamento

Entradas populares de este blog

Nos fuimos de peregrinación al Santuario de la Virgen de Lourdes en Francia

La gracia sacramental del matrimonio católico

Chistes matrimoniales