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Bien y en Familia!

En estos días previos a las fiestas de la Navidad, unas dos semanas, vemos las tiendas repletas de gente (entre ellos, nosotros mismos) comprando con ilusión regalos para los diferentes miembros de la familia y amigos a los que veremos por Navidad u otros días, Año Nuevo, la Epifanía. También (los y las que cocinamos) estamos pensando y comprando todo aquello necesario para hacer un almuerzo o una cena de Navidad que guste a los invitados y sea muy preciado para estos días.

Sin embargo, ¡siempre pasan cosas! (a veces desagradables) en estos días festivos. Nos juntamos varias familias, con distintos gustos, caracteres, edades y hemos de ser capaces de convivir en paz. Pero no siempre todos los invitados lo consiguen, pues por definición hay alguien que entra en la celebración con ganas de disparar mal carácter pues no tiene un buen día, o le duele el estómago, o no quiere que le toque a fulanito de tal a su derecha como otros años, o el tocón de turno o el que bebe demasiado, el que solo explica chistes marranos que ya los conocemos, o el que tiene un afán de protagonismo invariable y es el centro de atención de la mesa, porque no hay nadie mejor que él!. En fin, siempre hay alguna persona que sin mala intención es un poco aguafiestas o incluso cargante. Y la cocinera (o el cocinero) después de tantos esfuerzos verá unas cuantas caras largas, por pequeñas rarezas que han surgido de manera espontánea y que molestan a los demás.

Así que será todo un arte la distribución de los invitados alrededor de la mesa; también será de máxima importancia utilizar poca sal en la condimentación de los alimentos para que no le suba la presión a nadie, no sea que después de varias celebraciones acabemos en urgencias por hipertensión. Otro truco es pensar (y apuntar) temas generales sobre música, teatro, cine, posibles viajes, arte en general, para poder hablar sin entrar en cuestiones que generen polémica o conflicto, que con un poco de alcohol más del habitual pueden generar mal estar. Incluso en ocasiones se producen momentos incómodos de silencio, para esos momentos hemos de saber los anfitriones sacar un tema con chispa. También es de agradecer el ambiente cálido, sin agobios de calefacción alta, la casa adornada con sobriedad, un belén bien hecho e intocable, y sobre todo los que invitan no ir en zapatillas y chándal por casa; hoy en día hay muchas prendas de vestir y abalorios para ir más brillante en estas fiestas, sin gastarse mucho dinero o recuperar ropa de fiesta de otros años pues todo lo que brilla sigue estando muy ponible.

Y también rezar, ya desde ahora mismo para que todo vaya bien, que nadie discuta, que no se queme en la cocina nada de nada, y que no haya motivo para que después de las fiestas y nos pregunten ¿bien o en familia?, podamos decir ¡Bien y en Familia!

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