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Maternidad a la carta

En estos tiempos que vivimos de cambios sorprendentes, también hacemos pequeños gestos que a corto o largo plazo nos llevan a buenos resultados domésticos y de salud, porque todo lo acabamos midiendo, pensando y contando. Muchas personas que trabajamos ya es muy común que nos llevemos en unas fiambreras herméticas y prácticas el desayuno y el almuerzo, como si nos fuéramos de excursión; los comedores de los centros de trabajo cada vez son más bulliciosos y están resultando pequeños para tantos que ya hemos decidido dar ese salto, con total sencillez. En muchas ocasiones has de compartir mesa, cosa que no importa pues amplías las amistades y realmente te haces más sociable. Sin embargo eso no siempre es posible. Lo complicado es que a veces no tienes más remedio que escuchar conversaciones bastante desagradables, y lo único que puedes hacer es  desagraviar:

Ella 1: Yo de lo que no me veo capaz es de un embarazo biológico….¡nueve meses! Y verme así de gorda...
Ella 2: Claro, pero con uno está bien, pero más ¡no! Con todos estos gastos que tenemos, las vacaciones, las noches sin dormir...¡Quita, quita!
Ella 3: Pero es una pena pues a tu hijo le privas de tener hermanos, yo soy de familia numerosa y es bonito; ahora tengo sobrinos y vas a casa y hay gente....
Ella 2: Sí, yo también tengo varios hermanos, pero solo hemos querido tener un hijo...
Ella 1: Oye, yo lo que quiero es adoptar…
Ella 3: Pues está difícil, primero te los dan en acogida…
Ella 1: Claro, en acogida y cuando ya les quieres, te los quitan...
Ella 3: Es difícil conseguir la adopción, y cuando se deciden en darte el hijo ya han pasado los años y mientras tanto ¿qué?....
Ella 1: Se para el reloj biológico, por eso no quiero un embarazo biológico, quiero adoptar un niño y además que sea mayorcito y te ahorres todo eso de los pañales…

El almuerzo de mi fiambrera se iba consumiendo poco a poco, no se me atravesó en el estómago porque era verdura hervida, jamón york y un yogurt…. No dije nada aunque me hervían un montón de cosas por el corazón. No era el momento, y la audacia apostólica ha de ser oportuna.

Ella 4: Mirad esto, (leyendo un periódico) qué horror: estos han tenido 16 hijos, ¡están locos!, a éstos les denegaría todas las ayudas públicas, y, sino que se lo hubieran pensado antes...

Recogí mis cosas, y me marché desagraviando. Ninguna de aquellas mujeres pensó en ningún momento en agradar a Dios,  pedirle ayuda o consuelo; ninguna se refirió a su esposo, a la pareja, al compañero o al padre de sus hijos, si los tenían; ni tenían en cuenta nada de nada de lo que es una familia ni de ayer ni de hoy, solo ellas mismas, convirtiendo el hijo en un bien patrimonial que adquiero como, cuando y cuantos quiero y con quien quiero. Así de este modo muchas mujeres se creen libres porque  escogen su maternidad, a la carta, con ojos azules, o verdes o rasgados: yo quiero ser madre pero con las siguientes condiciones.

La acogida y adopción son actos de amor grandísimos, actos de generosidad de muchos padres y madres, que en muchos casos no pueden tener hijos propios entre ambos, por lo que no se puede frivolizar, ni tampoco se debe criminalizar a los padres generosos que dan su vida entera para ser instrumentos de Dios y traer a este mundo todos los hijos que han podido darle, de uno a dieciséis.

Hemos de volver a saber pronunciar sin miedo: embarazo (sin añadir biológico, que no es más que una soberana tontería); maternidad como un valor en alza de la mujer, y estado de buena esperanza, pues llevar un hijo en el vientre es lo más grande que una mujer puede hacer en su vida.

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