En cierta ocasión, con una señora que conozco desde hace muchos años y a la que quiero muchísimo, salí una tarde a tomar un café. Me comentó su plan diario. Ella había dejado de trabajar cuando se casó para dedicarse a su marido y a su familia, lo cual está muy bien, pues fue una decisión del matrimonio y de común acuerdo, tal cual se han de hacer las cosas. Sin embargo dada su posición económica y al haber tenido sólo dos hijos, su horario era muy holgado y prácticamente podía hacer lo que le daba la gana. Así que, me explicó, cada tarde salía con un grupo de amigas diferente, o bien hacía muchos cursos cortos de formación, o se iba de compras, a la peluquería... etc... En definitiva tenía todas las mañanas y las tardes ocupadas de lunes a viernes, ya que además disponía de asistenta del hogar y tenía que darle órdenes. Lo más divertido de todo es que a pesar de tratarse de actividades agradables, lúdicas y personalísimas, su agitación era tal que una tarde a la semana, me co...