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Todos a la cocina


En la cocina de Ratatouille

Tengo una amiga en el trabajo que no sabe cocinar, ni le gusta ni lo ha aprendido ni por gusto ni por necesidad. Es madre de dos hijas guapas y estupendas, pero en su vida no se han dado las circunstancias ni siquiera de pensar en el menú de su familia: su marido es un clon de Arguiñano, qué joya en bruto tiene!, y por ello y por otras cosas ella siempre habla muy bien de él,  y no es para menos. Cuando llega a su casa y sin chistar, pam! la comida en el plato, esto es todo un lujo si llegas cansada o afamada, y es un lujo de marido, cosa que hasta parece insólita pero existe, pues hay muchos hombres cocineros y no solo aquellos que tienen restaurantes o laboratorios de restauración con muchas estrellas meritorias. Hoy en día hay más hombres en la cocina de los que imaginamos pues en los matrimonios jóvenes en los que comparten juntos las tareas del hogar, más de uno hace algo más que poner a calentar cosas en el microondas,  así que un BRAVO! por lo maridos cocineros.

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Amor fiel y exclusivo

Releer los textos del Magisterio de la Iglesia abre siempre luces en nuestra alma y en nuestro corazón sensible. Por ello es muy recomendable volver a ellos para hacer un repaso o iniciar una lectura interesante. 

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El adulterio, pecado mortal

El adulterio es una violación y una trasgresión al compromiso establecido entre dos personas casadas entre si. Por lo tanto es algo que ocurre en el ámbito matrimonial y se refiere al hecho de tener relaciones sexuales con una persona distinta a tu propio cónyuge. Con los siglos, los años, los tiempos y la moral supérstite, el adulterio ha ido cambiando de peso en cuanto el castigo que pudiera merecer y las consecuencias que por él se derivasen. Conocemos como todavía en algunos países se apedrean a mujeres por haber sido acusadas de adúlteras, o como en otros países, España por ejemplo (hay muchos más) no es causa de nada, jurídicamente hablando. Si ante la ley no supone ninguna pena o castigo, ni es causa de separación ni de divorcio, lo que está claro es que para el cónyuge víctima supone una frustración imponente, un disgusto tremendo, y un caos emocional que le va a ser difícil de superar, todo ello –aunque legalmente no haya protección- podría llevar al matrimonio a separaciones…

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