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Me sentí invisible

Me compré unos zapatos, unos zapatos negros de ante preciosos, que me hacían crecer diez centrímetos más sobre mi escaso metro y medio.  Fue todo un esfuerzo de escalada, tenía otra visión y también un dolor en los pies bastante nuevo. Sin embargo pensé que sería un golpe de efecto con mi marido, es decir que me viera más alta. Salimos de fiesta. Fuimos a casa de unos familiares, cenamos, charlamos y bailamos! Y no se dió cuenta que había crecido. A pesar del esfuerzo mortificante para mis huesos, nadie apreció mi nueva altura, entonces, me sentí invisible. Lo intenté una segunda vez, y nada. Ahora los zapatos y el dolor de huesillos estan en un armario. Lei entonces un artículo de un periódico, se trataba de la entrevista a un psiquiátra que hablaba del síndrome de la mujer invisible. Y me dije, que eso no podía ser, que era una tontería mi apreciación, pues aunque él, mi marido, no me vió alta y alta!, da igual pues quien te ve en cada momento, te quiere, y está pendiente de ti, es Dios, mi Amado Jesuscrito. Y eso vale para todas y para todos. Bien estan los zapatos en el armario, y que se pudran!

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