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Apatía primaveral, al traste

En estos días de explosión de colores y sabores, se producen atonías que nos frenan a la hora de disfrutar este tiempo tan bonito. A los adultos nos puede ocurrir que estemos en permanente deseo de que lleguen las vacaciones estivales para satisfacer ese no sé qué me pasa. En cambio, los pequeños de la casa, si gozan de salud, estarán más imparables todavía. Pero el tiempo presente, es el que debemos disfrutar.

Estamos inmersos en un ambiente muy favorable para meterse en la cocina y hacer un gazpacho de fresas y sandía, un pastel delicioso de manzana y chocolate, las maravillosas recetas que se comen con la vista, recuperar aquellas recetas antiguas que han pasado de padres a hijos, convirtiendo  todo ello en una buena y sana afición.

Y esta afición a la restauración, dentro de la familia, favorece la salud de cualquiera de sus miembros. Además, se convierte en una actividad común en la que cada cual puede realizar alguna función. Siempre hay oposiciones contundentes. Sin duda tenemos maridos que son más de comedor que de delantal, pero les podemos asignar funciones útiles y crear así un buen ambiente…. llenar el lavaplatos, ponerlo en marcha, vaciarlo, poner las cosas en su sitio; que al poner la mesa no falte nada, ordenar la compra... llevar las basuras al contenedor, pues en una cocina no todo es lucirse y aplaudir al cocinero. También tenemos la posibilidad, cada vez más introducida en los hogares, de usar robots o cocinar en el horno eléctrico o en el microondas, electrodomésticos que cocinan espléndidamente, reduciendo el tiempo de cocción y, en muchos casos, el producto final es mejor. A mi realmente, me gusta elaborar menús habituales y tradicionales de nuestra dieta mediterránea, sin sferificaciones -ya que desconozco la técnica- poner en marcha hornos y máquinas, y en una hora tener listos varios primeros y segundos platos, e incluso un bizcocho de mandarina. La gracia ha estado en que previamente se han diseñado los menús y se ha realizado la compra apropiada para conseguirlo, actividad en la que también puede colaborar la familia.

Así que la cuestión es dar al traste la apatía, disfrutar del colorido de los alimentos de este tiempo primaveral y hacer una actividad en familia para que todos disfruten, sin tratar de competir como si fuera un concurso de chefs. Si destaca un nuevo chef de cocina, no necesariamente ha de ser de concurso, será estupendo para repartir las responsabilidades domésticas, que siempre son necesarias pero tan difíciles de asumir.

El toque final, en el que también todos los miembros de la familia pueden colaborar, es aportar un poco de verde a la terraza, al balcón, al patio interior…. ¡Esto es genial! Los patios interiores de una comunidad de propietarios suelen ser trasteros asquerosos, y al que, por efecto de la gravedad, cae de los pisos superiores cualquier cosa. Pero si el uso del patio es privativo, el vecino que le ha tocado puede transformarlo en un vergel. Os aseguro que en la medida que se mantenga limpio, las plantas se acostumbren a que no les dé el sol casi nunca, el patio resultará envidiable y poco a poco por el efecto de la gravedad no caerá nada al patio. Además los vecinos de los pisos superiores disfrutarán mirando lo que hay abajo, y, aunque no lo digan, les gustará.

Los pequeños balcones, dependiendo de su dimensión, también se pueden
aprovechar, primero retirando todo lo que se puso allí porque no se sabía dónde ponerlo y segurísimo que casi todo irá al contenedor. Luego colocaremos tiestos con plantas o plantitas, naturales o aparentes, una mesa pequeña o un banco, sillas, colgaremos guirnaldas, y lo mantendremos siempre limpio para que el hogar respire primavera y colorido. Por supuesto, hay que empezar a aprovecharlo para … una cena íntima, un refresco, una lectura apasionante, rezar el rosario en familia, una conversación pendiente…


Así que con tanto trabajo por hacer, la apatía desaparecerá y el ocio tendrá nuevas actividades en beneficio de toda la familia.

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