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Se casan

Una madre sabe que sus hijos, cuando se hacen mayores, quieren volar, independizarse, pero no tienen más remedio que seguir viviendo en la casa de los padres hasta que se da ese mejor momento para irse. De repente, llega ese día que lo has visto venir, con más o menos escepticismo, pero lejanamente, y te dice: ¡Mamá! me he prometido, ¡nos casamos el año que viene! Entonces, te pones contenta, te hace feliz saber que tu hijo es feliz también, que tiene un proyecto de futuro de felicidad eterna pues lo ha unido al de Dios para que Él lo bendiga.


Pero al cabo de unas horas, cuando se reempieza la rutina que debido a las emociones se había interrumpido, te entra esa sensación profundamente íntima de madre de que aquel hilo umbilical imaginario que se mantenía en el aire del hogar paterno, en breve, se iba a disipar. Dejas en su dormitorio su ropa planchada, alguna cosa más que le corresponde poner en sitio y miras sus cosas, ordenadas, sus recuerdos a la vista, y piensas que en breve será esposo de su esposa, bella entre todas, buena, la mejor para él, sin duda, pues los dos se quieren y desean establecer un compromiso mutuo y para siempre, pero, tú la madre, sentirás el último desgarro pues él dejará la casa de su padre y de su madre y se unirá a ella en una solacarne. Imaginas tu casa con tus hijos, pero borras la imaginación para no rebobinar y atropellarte. Éste era último que quedaba en casa, y pronto se irá fuera del hogar familiar. Has hecho lo que has sabido y lo que has podido, y Dios sabrá si los has hecho bien. A pesar de que todo era bueno, se te llenan los ojos de lágrimas, que las retuviste para no demostrar flojera ni compasión, finalmente en tu soledad lloras porque ves que pronto aquella habitación quedará vacía. Pero no pasa nada, es la ley de vida natural. Te pones en marcha, a pensar, y concluyes (de momento) ¡menos mal que hemos ahorrado un poco! porque tendremos una boda en la familia, que esperamos que sea presidida por el amor y la austeridad... un nuevo motivo para transmitir nuevas ilusiones en este blog.

Apostemos por la elegancia


En las carreras de caballos a la inglesa nos tienen muy habituados a distraer la mirada en muchas direcciones y no especialmente en la de los caballos, en la de los jinetes ni en las apuestas. Los sombreros son otro espectáculo añadido al evento, y el estilo de ese complemento marca la temporada de moda. A veces son espantosos o espectaculares pues de lo que se trata es de destacar cueste lo que cueste, incluso de hacer el ridículo. 

Para ir a una boda al mediodía en pleno mes de agosto, en este hemisferio del Mediterráneo, el uso de un sombrero puede ser un paso hacia la elegancia. También podríamos pensar en un tocado, pues también hay muchos para elegir. Ya tenemos el dilema: elegir cuando hay mucho que escoger. Como no tenemos personal shopper tendremos que dejarnos orientar en la tienda especializada, pues dependerá de nuestra altura, del largo y del color de nuestro cabello, y obviamente del vestido que nos queramos enfundar. También es importante considerar, si serás la madrina, testimonio o invitada. Y Hay que hacerlo con tiempo no sea que fuera necesario plantearse caminar una hora diaria para bajar peso y ponerte aquel vestido negro que tanto te gusta. Pero me vuelvo al sombrero. Sin duda si habitualmente no tenemos la costumbre de cubrirnos la cabeza, tendremos que hacer muchas pruebas hasta conseguir llevar con gracia el sombrero, y si no lo conseguimos será mejor optar por una buena sesión de peluquería.

Lo último que hemos de comprar o combinar con otras cosas que tengamos, será el sombrero: primero hay que tener claro el vestido, luego los zapatos y el bolso. Con todo ello en una bolsa nos vamos al centro comercial o a la sombrerería y le pediremos a la persona que nos atienda que sea sincero o sincera con nosotras. No se trata de ir como una plepa, sino elegante, adecuado a ti. Probablemente comprarás aquel que no te convencía al principio, pero lo que cuenta es todo el conjunto. Todo ello quedaría completado perfectamente con unas medias muy finas, casi irreconocibles en tus piernas. Otro toque de elegancia, si se sabe utilizar, es un abanico, de color neutro o de la gama general de todo el atuendo, pero sobre todo que nada de nada sea un engorro, pues la elegancia muchas veces consiste en la simplicidad. Y a rezar por los novios, que pobrecillos todavía no saben lo que les espera……

Ah! Me duelen los pies

Ya empieza el calor de nuestro Mediterráneo, y ya empezamos a quejarnos, a pesar de que lo estamos deseando pues vemos más cerca las vacaciones, el cambiar de actividad, y hasta presumir de toda la ropa nueva que nos hemos comprado, o que hemos transformado en la modista para darle un aire más a ti… Pero aparece una duda tremenda, muy femenina: los zapatos! Siempre hay alguien que te dice en casa que: ya tienes zapatos; pero después de pasar un invierno en el armario se han deformado, han cambiado de color, o lo que sea, por dar una excusa, por lo tanto concluyes que necesitas zapatos. Además tienes aquella boda que no tienes más remedio que ir pero que como ya sabes dónde se va a celebrar, piensas que te vas a morir derretida por el efecto del calor, y los pies los sentirás fuera de ti misma porque no sabrás qué hacer con ellos, hinchados y doloridos, ya que ese es el último recuerdo que tienes de aquella boda en pleno ferragosto.

Pero claro! el ortopodólogo no va a poder hacer milagros con tus huesos y ya te ha advertido que hay que ir por debajo de ocho (o cinco?) centímetros. Con toda esta mezcla de considerandos, como si se tratara de una demanda judicial,  no puedes esperar a las rebajas. Empiezas a pensar que se acabará tu número pues el 37 es de lo más habitual, además no tienes a nadie cerca que tenga el más mínimo interés de ver cómo te vas calzando zapatos… y zapatos en las tiendas para comprobar si eres la cenicienta del cuento. Entonces pillas tiempo de la agenda, haces escapadas a aquellas tiendas que crees que son tan chulas, pero después, te producen tanta decepción, pues solamente son más caros que en otros sitios. Las amigas te aconsejan, y venga de verbalizar todas, sin ponernos de acuerdo.

Y pasan los días, las tonterías y las pérdidas de tiempo, pues realmente te duelen los pies si empiezas a comprimirlos con esas sandalias de presentadora de televisión que a duras penas caminan cuatro pasos por el plató. Y a aquel que te decía…tienes zapatos, por fin le haces caso y eureka! aparecieron unas sandalias bonísimas de color beige y de charol que soportan perfectamente tus muchos huesecillos y, por fin, te quedas tranquila y piensas con más calma que si no estrenas zapatos, tampoco eres la novia de la boda, y en cambio podrás disfrutar sencillamente de toda la fiesta.

Renovar las promesas matrimoniales

Habréis visto que mi blog ha estado de vacaciones unos días, he estado en Israel, en Oriente Medio, recorriendo todos los lugares más importantes donde estuvo Jesús, fue donde nació al mundo, creció, trabajó, predicó, fue crucificado, murió y resucitó por todos nosotros. Nadie vuelve indiferente, nadie volviendo de allí lee y escucha la Sagrada Escritua y el Evangelio de la misma manera que lo hacía antes. Los Matrimonios tampoco, llegues como llegues vuelves de otra manera, pues tu alma renace en alguno de aquellos lugares. En Caná de Galilea, el lugar donde Jesús se manifestó publicamente, a petición de la Virgen Santísima, alrededor del altar de la iglesia que se erigió considerandose que aquel fue el lugar de las Bodas de Caná que refiere el Evangelio, 11 matrimonios de la peregrinación de la que formamos parte mi marido y yo, renovamos uno a uno nuestras promesas matrimoniales. Allí como si fuera el mismo día de nuestras bodas, se oyeron las promesas con voces entrecortadas, con nervios y sollozos, con lágrimas y sonrisas...., y sobre todo mucha alegría! y eso que el matrimonio más joven celebraba 33 años ...Después brindamos con vino y degustamos unos dulces propios del pais.

Me doy a ti como esposa en lo bueno y en lo malo y te prometo serte fiel todos los días de mi vida.

¿Y qué me pongo?

  
Siempre se presta que cuando hace buen tiempo apetece celebrar muchas cosas. Es propio de los países calurosos celebrarlo todo al aire libre, como por ejemplo las bodas. Se estila tomar los aperitivos en los jardines, en los porches, en las terrazas, y al caer la tarde que el aire refresca lo hace todo más agradable. Y así con esta ilusión podemos imaginar cómo celebrar el aniversario de nuestra boda. Claro que si te has casado en invierno o en otoño lo habrás celebrado a cubierto. Pero si no es así es cuestión ya de empezarlo a pensar. 

Y una de las preocupaciones más femeninas es el vestido, un tema incomprensible para ellos, claro está. Habitualmente solemos abrir el armario con la expresión de no se qué ponerme!, por lo que cuando eres la anfitriona de una fiesta, de un aniversario, lo más normal y recurrente es ir de tiendas para escoger un vestido, luego vendrán los zapatos, los complementos y cuando ya  lo tienes todo te dices  ¿y todo esto para qué boda era?!    


Otra solución si se trata de unas bodas de plata, o más años es recuperar tu vestido de novia. Sí, sí, el vestido que llevaste el día que te casaste con este marido que tienes en casa….¿y dónde estará? ¿Lo he vendido? ¿lo tiene mi madre guardado en el desván? ¿Lo tiré un día que estaba muy pero que muy enfadada y lo querías echar todo a rodar...? Dudas y venga dudas… Por supuesto que has cambiado de talla, además después de tantos años, la moda ha cambiado muchísimo pero puede ser un bombazo! Además a tu fiesta irán bastantes personas que no habrán ido a tu boda, por ejemplo los hijos, que si Dios quiere has tenido, o nietos….

Las modistas que  en tiempo de crisis han aflorado por todas partes, pues reciclamos, arreglamos o simplemente no sabemos coser, pueden orientarte, en como reconstruir tu vestido de entonces en una sorprendente sorpresa. Yo lo hice para mis bodas de plata, también tuve que pasar por la modista… y hacer un poco de dieta para compensar, pero os aseguro que nadie se creía que me casé con una túnica y con flores en la cabeza como una auténtica hippy happy de mi tiempo, en fin un bombazo sin duda, y además muy divertido.
Aprovecho para repartir ¡Felicidades! a todos y todas en el día de vuestro aniversario, vale la pena celebrarlo, cómo y dónde se pueda, en las circunstancias de cada  matrimonio, que siempre son distintas, pero sean las que sean son las tuyas, originalmente tuyas.