octubre 31, 2017

Entre sufragios, calabazas y dulces de almendras

El Día de Todos los Santos es una solemnidad cristiana que tiene lugar el 1 de noviembre para las iglesias católicas de rito latino y el primer domingo de Pentecostés en la Iglesia ortodoxa y las católicas de rito bizantino. En este día la Iglesia celebra fiesta solemne por todos aquellos difuntos que, habiendo superado el purgatorio, se han santificado totalmente, han obtenido la visión beatífica y gozan de la vida eterna en la presencia de Dios. Por eso es el día de «todos los santos». No se festeja sólo en honor a los beatos o santos que están en la lista de los canonizados y por los que la Iglesia celebra en un día especial del año; se celebra también en honor a todos los que no están canonizados pero viven ya en la presencia de Dios. No se debe confundir con la Conmemoración de los Fieles Difuntos que se celebra al día siguiente, el 2 de noviembre. (Wikipedia).

Por otro lado, según leemos en otras web, el Halloween es una fiesta de origen pagano que se celebra la noche del 31 de octubre, víspera del Día de Todos los Santos, y que tiene sus raíces en el antiguo festival celta conocido como Samhain (pronunciado "sow-in"), que significa "fin del verano" y se celebraba al finalizar de la temporada de cosechas en Irlanda ... Durante esa noche se creía que los espíritus de los difuntos caminaban entre los vivos, y se realizaban fiestas y ritos sagrados que incluían la comunicación con los muertos. Además, era habitual colocar una vela encendida en las ventanas para que los muertos "encontrasen su camino".

Así que la fiesta de Todos los Santos es una celebración muy importante para los cristianos católicos y ortodoxos porqué celebramos la existencia del cielo y del purgatorio, y, como consecuencia, la resurrección de los muertos y por ende la Resurrección de Jesucristo, pues si no hubiera sido de esta manera, vana sería nuestra redención y vana sería nuestra fe, según apunta san Pablo.

Es una alegría grandísima saber que el cielo está lleno de hombres y mujeres santos, niños y niñas también, que interceden por nosotros y por nosotras ante Dios, para nuestra salvación. Y en el Día de Difuntos, la Iglesia reza por las almas del purgatorio, un lugar que no es físico, pero que existe y sirve para purificación de nuestras almas, y es antesala del cielo. Se ofrecen misas y sufragios, y se visita con más frecuencia los cementerios, ofreciendo flores y oraciones.

La Resurrección de Cristo se produjo efectivamente. Muchos ojos lo vieron. No se trató de una mera ilusión. También existe el cielo, el lugar donde reside Nuestro Padre Dios, y a dónde queremos ir al momento de nuestra muerte. Y por supuesto existe el purgatorio donde nos purificaremos. El infierno existe, es el lugar donde reside Satanás, el diablo, el mal. En definitiva, son los estados en los que podría estar nuestra alma espiritual después de morir nuestro cuerpo mortal. Por ello hemos de rezar por las almas que están en el purgatorio para que salgan de él y vayan al cielo. Por las almas del infierno ya no se podrá hacer nada, una vez allí, nadie sale nunca, in aeternum.
En el Catecismo de la Iglesia Católica (CEC) en el capítulo de los Novísimos podemos ampliar nuestros conocimientos en estos temas.

Y ¿qué ocurre con el Halloween?

Como la sociedad cree que el paganismo es más divertido, busca en los disfraces, las juergas, los sustos, los miedos, el humo de los cementerios y las calabazas iluminadas todo tipo de sensaciones nuevas o novedosas. En ese sentido, la desacralización de iglesias a museos, las apostasías, y el apartarse de Dios de varias generaciones ha propiciado el crecimiento de las fiestas paganas como ese Halloween.

Téngase en cuenta que los católicos no somos gente sombría y oscura o que huimos de la diversión. Nuestra alegría no solo puede venir de vernos guapas en un espejo con un disfraz de princesa nocturna, sino también por los frutos que recibe nuestra alma, por ejemplo, en el transcurso de una peregrinación al Santuario de Fátima, en Portugal y ver como muchas personas, una a una, reciben la bendición de la reconciliación, y, en comunidad, se participa en una misa internacional. Así que los católicos estamos alegres por la alegría que nos produce nuestra fe y también por otras cosas, como todo el mundo.

Los santos dulces

En España, durante siglos, con ocasión de Todos los Santos y el Día de Difuntos, en cada lugar o región, se han hecho típicos unos dulces propios de estas fechas. La recogida de la almendra y otros frutos han facilitado la elaboración de panellets, dulces y pastelitos muy ricos que también se elaboran en casa, con la colaboración de toda la familia, sobre todo los niños, y como actividad lúdica para los más pequeños en los colegios. Los menos audaces en la cocina, los compramos en la pastelería. Y si añadimos más tradiciones, transcurrimos la Noche de Todos los Santos con castañas y boniatos asados, vasitos de vino dulce o cava, completando así una noche (fría) de otoño. 



octubre 15, 2017

No todo conviene

Tanta desazón en estos días convulsos a nivel político y económico, nos ha invadido a todos como un-no-sé-qué del que ya dicen los expertos que nos puede llegar a enfermar. Todos lo que estamos preocupados, tenemos nuestras razones legítimas para ello, y hasta es lícita nuestra preocupación. Pero en el seno de las familias, el núcleo más pequeño al que pertenecemos hemos de cuidarlo con paciencia y amor, teniendo presente la legitimidad de cada uno en opinar de política, sin pelearse, pero, sobre todo, no anteponer la discusión a los deberes y obligaciones familiares. La convulsión social y política puede sacarnos de quicio y hemos de saber actuar en el seno familiar, en el trabajo, en la comunidad, en la sociedad, es decir, en todo lugar y misión, con fraternidad y amor.

Las palabras de san Pablo, que no conoció a Cristo, pero oyó su voz, en la primera Carta a los Corintios y refiriéndose a la dignidad del cuerpo, escribió:
Todo me es lícito; pero no todo conviene. Todo me es lícito; pero no me dejaré dominar por nada”.

Todo lo que es opinable y la política lo es, me es lícito pensar y actuar según decido; es como comprar seis coches y hacerlo porque puedo; o hincharme de ostras cada día si lo resiste el hígado…. Pero san Pablo dice “No todo conviene” y “No me dejaré dominar por nada”.


Ahora que está todo el pescado vendido, y no sabemos las consecuencias que se producirán ni el largo tiempo que va durar tanta incertidumbre en las decisiones, las advertencias, los gestos, las actuaciones, etc. y hasta pueda ser que seamos más pobres durante una nueva temporada, vale más hacer familia en cada familia y analizar lo que le conviene. 

Nota del cuadro: san Pablo de Rubens, Mueso del Prado (Madrid)

octubre 12, 2017

Mi mejor regalo, el divorcio

Kazoku wa tsuraiyo es el título original de la película que aquí hemos visto con el nombre de Maravillosa Familia de Tokio del director Yôji Yamada, del año 2016. Los japoneses y nosotros no nos parecemos en muchas cosas, nuestra cultura, nuestro sol y alimentación es bien diferente, pero lo que se refiere al humor parece que nos podemos reír con las mismas cosas. El asunto de un divorcio en una familia, sin duda, es algo muy serio, pero en la película, estereotipados los personajes, te acabas riendo con ellos.

Para divorciarse en el Japón, vemos que simplemente hay que rellenar un formulario y pagar unos cuantos yenes. Pero suele ser, como en todas las familias, impactante. El Japón está tan lejos como sabemos, pero el divorcio afecta a todos los miembros de la familia, aunque sean mayores, e incluso estén casados. De ahí que la comedia se desarrolle a partir del momento en que la esposa, paciente y hacendosa, con una sonrisa inmensa le pide el divorcio a su marido, saturada de las rutinas molestosas de su esposo. Todas las incidencias, problemas y dramas que sobrevienen a continuación, acrecidas porque viven todos juntos, van a tener su clave y solución en el diálogo. Todo ello amenizado de abundante sake caliente.

Como he dicho en otras ocasiones, esta película también es para pasar un buen rato en el sofá de tu casa. Y luego pensar, si es el caso, en dialogar con tu marido o esposa, de aquel tema que quedó sin resolver y, hablarlo a la japonesa, es decir con esa bebida de aguardiente tan tonificante para los sentidos, lo que servirá para suavizar los temas a tratar. O a quién no le guste el sake, una infusión de frutos de la pasión también servirá.


octubre 08, 2017

Cuando éramos novios no te perdoné

Acudí a la meditación espiritual mensual. Es una actividad que me ayuda a formarme en doctrina cristiana. El sacerdote en esta ocasión nos habló de la Confianza, de fiarse de Dios. De allí situó su reflexión en fiarnos de nuestros hermanos y hermanas cristianos, y a saber perdonar. Pues es imprescindible en un cristiano saber perdonar y hacerlo de verdad.

El sacerdote ante un público mayoritariamente femenino nos explicó un affaire que le sucedió en su labor pastoral. Nos situó en determinadas situaciones en las que lloramos, porque nos reímos ¡tanto!,  o por asuntos auténticamente graves. El caso concreto a que se refirió fue el de un hombre joven que le pidió hablar aparte. Cuando se cerró la puerta de la sacristía, el hombre se echó a llorar amargamente. Una vez recobró la serenidad, le explicó que su esposa se había enfadado mucho con él pues le había prometido que llegaría más pronto del trabajo y volvió a llegar tarde a casa. Le echó en cara su promesa, promesa que no era la primera vez que rompía. Mientras él intentaba disculparse, la mujer hizo una inflexión y le dijo “Cuando éramos novios llegaste tarde a …” Al oír estas palabras, él se ofuscó de tal manera que no pudo discutir más.

La amargura de ese hombre, el motivo de tantas lágrimas, fue la reflexión, la pregunta retórica, que le hizo al sacerdote, si no me ha perdonado que llegara tarde aquel día cuando éramos novios ¿Cuántas más cosas no me ha perdonado en 20 años de matrimonio?

Por llegar tarde a casa para cenar, se quebró profundamente la confianza en ese matrimonio. Seguramente la señora debía estar harta de esa conducta. Pero también es cierto que es mejor perdonar pues no vale la pena…. Llegar tarde a casa ¿es algo tan importante como para quebrar un matrimonio?


Creo que es mejor no montar follones ni dramones por temas que no lo merecen. No hay que gastar energías en tonterías. Y si se te ha hundido el suflé y lo has hecho varias veces porque a él le gusta, no lo vuelves hacer y listo. La tortilla de patatas fría incluso es más buena. Ponte a pensar, y con la ayuda del Espíritu Santo encontrarás asuntos por los no vale luchar tanto.

Mi matrimonio, de fiesta en fiesta