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El tiempo es un gran tesoro

De nuestra colaboradora Mireya Santos

Siguiendo una ruta que recorro de vez en cuando por la ciudad, paso por delante de una residencia de gente mayor que deja ver por sus grandes cristaleras un retazo de la vida de esas personas, solas o con sus compañeros de toda la vida, ya muy mayores y necesitadas de cuidados.

Descansan, hablan entre ellos o con sus cuidadores, algunos, los más afortunados, siguen un juego de mesa, los que creen rezarán, y poco más pueden hacer.

Últimamente, es posible que el Año de la Misericordia tenga algo que ver, estos mayores me hacen pensar: ¡el tiempo es un tesoro!

Fijaos, si podemos llegar a esas edades con el corazón y las manos llenas de amor vivido, de amor verdadero entregado a cambio de esa plenitud interior que da el haberse entregado a los demás, mientras hemos podido, al recordarlo lo volveremos a vivir y nos sentiremos más plenos, porque: ¡el tiempo es un tesoro!

Por eso, no podemos permitir que el ideal de amar se quede en deseos. Ha de ser un combustible no contaminante que utilicemos durante todo este año, dicho en términos metas realistas, porque siempre es un buen momento para amar y para amar con obras.

Me diréis: pero amar ¿cómo y a quién? porque, aunque el amor no puede hacer acepción de personas, hay que concretarlo en alguien. Y en eso tenemos mucha suerte.

¿Quién de nosotros no está rodeado de gente? ¿Quién no tiene vecinos que se sienten solos? ¿Quién no coincide cada día en lugares comunes con personas conocidas que necesitan ser escuchadas? ¿Quién no sabe de personas que malviven no demasiado lejos de nuestra casa?

Y luego, ¿cómo miramos a nuestros seres más cercanos? el marido, los hijos, los padres, los hermanos y hasta la señora que nos ayuda en casa? 

¡Sí! ¿Cómo los miramos?

Porque la rutina es peligrosa, el dar por supuesto el cariño no basta. Somos de carne y hueso y necesitamos oír, ver y sentir en el rostro del otro que de verdad nos quiere.

Así que, no podemos matar nuestro tiempo. Hemos de amar con obras. Mientras Dios nos de energía, utilicémosla también para aumentar el coeficiente de dilatación de nuestro corazón en actos de amor que, por otra parte, son los que nos hacen más felices a nosotros mismos.

¿A que tenéis la experiencia?


Hasta el próximo día.

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