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El tesoro escondido


Pensaba que cuando creemos que hemos perdido el amor, dudamos de si aún existe en nosotros o si existió en algún momento. Son situaciones difíciles en las que lo mejor es buscar un tiempo y un lugar para pararse a pensar, a recordar, poniendo el corazón. Y entonces, si, probablemente recordamos el inicio de aquel amor, las horas y los días que pasamos conociéndolo, intentando comprenderlo, ilusionándonos con sus cosas y, en un momento determinado, decidiendo vivir ese amor para siempre. Era nuestro tesoro y queríamos conservarlo, disfrutar de él, añadir cada día joyas preciosas al baúl. 

Las joyas eran miradas compartidas, despertares a dúo, jornadas en las que si faltaba el otro le llamábamos y queríamos saber qué hacía y se hacía largo el día para volver a verlo y contarle nuestras cosas pequeñas o grandes, escuchar las de él, crear una familia...y...

¿Qué ha ocurrido ahora? El tiempo ha pasado, la vida se ha ido complicando, los niños nos llenan todos los huecos, solo trabajamos, solo luchamos, solo nos quejamos, ya no compartimos, ya no deseamos volver a casa y abrazarle...solo la rutina nos lleva a salir adelante: Hemos perdido el tesoro. Y quizá un día, hablando con una amiga nos damos cuenta de la pérdida, pero ¿Dónde lo hemos escondido? ¿Dónde está el tesoro de nuestro amor? La amiga te habla de los tesoros que escondían los piratas en las playas de islas perdidas, debajo de la arena, y de que cuando los piratas volvían a recuperarlos podían encontrarlos o no, dependiendo de la profundidad y de la distancia del agua a la que los habían enterrado. 

Mira, me dijo mi amiga, los tesoros enterrados del amor siempre se encuentran, si se quiere, por profundos que estén. Porque la arena de las playas de nuestro corazón se quita con una mirada limpia, con una palabra suave pero firme, con un gesto de cercanía sincera, que digan: ¡qué bien que existas! ¡Qué suerte que nos escogimos aquel día! ¿Te acuerdas?

¡Vamos a desenterrar nuestro tesoro! ¡Intentemos sacar todas esas capas de rutina y de desamor que hemos ido poniendo encima del baúl de nuestra vida en común! Veréis qué tesoro descubrimos de nuevo, más fuerte, más auténtico, más nuestro si cabe. Os asombrareis del contenido. Porque el baúl estaba lleno y no lo sabíais. Lo llenan las noches en vela al lado de la cuna del bebe con fiebre, las cuentas repasadas mil veces para cuadrar el mes, la compañía silenciosa en el sofá, agotados después de un día muy lleno, las miradas cómplices ante situaciones delicadas ¡Tantas cosas que hemos compartido y vivido juntos!

Eso era el amor perdido. Solo que la prisa no nos dejaba ver la isla del corazón donde se había escondido. 


* de nuestra colaboradora Mireya Santos

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