Ir al contenido principal

Envejecer con pre aviso

De verdad que tienes estos años? ¡No puede ser!, me dijo una amiga.
Y a continuación de esa reacción ajena se desencadenan una serie de mecanismos conocidos, que se ponen en marcha a la velocidad del rayo: “parezco más joven, ¿verdad?, todo el mundo me lo dice, es cuestión genética, no tiene más importancia.” Y, de momento, nos quedamos encantados, nos ponemos un modelito juvenil y sonreímos a la vida con una alegría superficial que tiene las horas (o los minutos) contados.
Porque en nuestro interior sabemos que hemos cambiado, que nuestro cuerpo no es el mismo que el de hace 10 años, que nos cansamos el doble haciendo lo mismo, que muchas cosas que antes emprendíamos como si nada, ahora nos las tenemos que pensar.
Pues ¿sabéis?, creo que en esto también la Naturaleza (o sea, Dios) es sabia. Nos hace detectar a tiempo unos cambios, una evolución natural de nuestro físico, para la que nos hemos de preparar y no ocultar en el trastero de nuestro conocimiento personal.
¡Y eso es estupendo! Porque los cambios no se manifiestan de golpe, no pasamos de tener una piel tersa y suave, que casi no necesita ni crema hidratante (los hombres también), a tenerla arrugada como una uva pasa. La naturaleza nos prepara con pasos intermedios, con datos o llamadas de atención que, si sabemos y queremos ver, nos van a ayudar mucho a asumir un hecho que, por otra parte, es inevitable.
No se trata, por tanto, de actuar como si los años no hubieran pasado realmente, como si pudiéramos seguir corriendo y saltando detrás de nuestros nietos, como hicimos con los hijos, de querer llegar a todo sin solución de continuidad, de ser madres o padres todoterreno, de ofrecernos para todo y luego llegar al final del día con la espalda hecha añicos, la respiración cercana al resuello y los nervios de punta y, lo que es peor, enfadados con nuestros hijos porque se aprovechan de nosotros.
¿No será que les damos una imagen falsa de nosotros mismos? ¿Qué nunca les hemos hablado de que sus padres tienen permitido envejecer, es más, es lo que les toca ahora? ¿O bien es que nosotros mismos no queremos aceptarlo?
Empecemos por esto último y aceptemos con una sonrisa el dolorcillo de ciática o la imagen que nos da el espejo de aumento, cuando nos arrancamos un pelillo molesto, o la del espejo normal cuando nos miramos sin gafas.
Porque todo eso  son llamadas de pre aviso para navegantes inteligentes, que deben adaptar su ritmo a la corriente de la edad en que se mueven y buscar mares más tranquilos donde desarrollar sin peligro sus enormes capacidades de navegar, que la misma experiencia les ha conferido. Y mares los hay, ¡os lo aseguro!

De nuestra colaboradora Mireya Santos.

Entradas populares de este blog

Amor fiel y exclusivo

Releer los textos del Magisterio de la Iglesia abre siempre luces en nuestra alma y en nuestro corazón sensible. Por ello es muy recomendable volver a ellos para hacer un repaso o iniciar una lectura interesante. 

Hoy proponemos la Encíclica Humanae Vitae la cual se centra en el tema de la transmisión de la vida, concedida a los esposos como colaboradores de Dios. Esta encíclica la publicó Su Santidad Pablo VI el 25 de julio de 1968. En los puntos 8 y 9 el Papa escribe sobre el amor conyugal al cual le atribuye las características de:amor humano, total, fiel y exclusivo hasta la muerte, y fecundo. Estos aspectos básicos nos pueden llevar a la reflexión interior de cómo vivimos en el seno de nuestro matrimonio estas características que lo conforman.
El amor conyugal

8. La verdadera naturaleza y nobleza del amor conyugal se revelan cuando éste es considerado en su fuente suprema, Dios, que es Amor, "el Padre de quien procede toda paternidad en el cielo y en la tierra". El matrimo…

El adulterio, pecado mortal

El adulterio es una violación y una trasgresión al compromiso establecido entre dos personas casadas entre si. Por lo tanto es algo que ocurre en el ámbito matrimonial y se refiere al hecho de tener relaciones sexuales con una persona distinta a tu propio cónyuge. Con los siglos, los años, los tiempos y la moral supérstite, el adulterio ha ido cambiando de peso en cuanto el castigo que pudiera merecer y las consecuencias que por él se derivasen. Conocemos como todavía en algunos países se apedrean a mujeres por haber sido acusadas de adúlteras, o como en otros países, España por ejemplo (hay muchos más) no es causa de nada, jurídicamente hablando. Si ante la ley no supone ninguna pena o castigo, ni es causa de separación ni de divorcio, lo que está claro es que para el cónyuge víctima supone una frustración imponente, un disgusto tremendo, y un caos emocional que le va a ser difícil de superar, todo ello –aunque legalmente no haya protección- podría llevar al matrimonio a separaciones…

Estos maridos ¡qué poco nos conocen!

Empieza la vida normal cosa que no se cómo calificarla, de caos, de ruina o vayausted a saber, pues aquello llamado normalidad ha sobrepasado a lo objetivo. Lo cierto es que todos aquellos preparativos navideños se consumierony,por fin, la vida sigue adelante con la normalidad de cada cual. Y vuelven aquellas rutinas o hábitos que en un ambiente de trabajo forman parte de la jornada: estirar las piernas y tomarse un café con las compañeras para ponerte al día de los nuevos abatares.
Todas a la vez: - ¿Qué tal han ido los Reyes Magos? - Ay! no me hables, estoy incendiada, dijo Sandra - Pero, qué ha ocurrido, dijimos (también todas a la vez) - Pues la noche del cinco fueron llegando los regalos, yo oía muchos ruidos así que me levanté del susto y fui al salón, y ¡no sabéis qué me encontré! - ¡Un ladrón!, dijo una. - ¡No!, dijo Sandra - Venga, ¡di!, dijo la otra, mientras todas revolvíamos agitadamente el café con el palito de plástico. - ¡Un cohete! - ¿Cómo? - ¡Sí, un cohete! - No puede ser, dijim…