febrero 26, 2014

El derecho de los abuelos

Hace unos meses, el Tribunal Supremo español dictó una sentencia por la que determinaba el derecho de visita de unos abuelos a sus dos nietos. Llegó a mis manos por razones de trabajo. No era la primera ni será la última de las sentencias que este tribunal dicte con el contenido de una materia tal delicada y sensible como ésta. Y yo me pregunto ¿Cómo es posible que en el seno de algunas familias no sea posible el diálogo y sea necesario que el alto tribunal decida que unos abuelos puedan ver a sus nietos? La madre de los dos niños recurrió hasta que perdió su reclamación sin posibilidad de recurrir más arriba. La sala de lo civil del Tribunal Supremo, en Madrid, a la vista de lo expuesto, la normativa y la debatida doctrina jurisprudencial, decidió, finalmente, a favor de los abuelos un régimen de visitas repartido a lo largo de todo el año.

Es muy penoso que los hijos o las hijas, los yernos o las nueras, no valoren ese amor de los abuelos por sus nietos, y que por ello sus padres tengan que recurrir a terceros para reclamar sus derechos. Sin embargo, también hay padres y suegros muy impacientes que no respetan las decisiones de los hijos e interfieren en los matrimonios hasta llegar a ser los detonantes de las rupturas de los matrimonios de sus hijos.

Es evidente, como abuela que soy, que desearíamos ver a nuestros hijos y a nuestros nietos, pero el diálogo, el amor, el respeto, la comprensión y la estrategia de la paciencia, son mejores condimentos para resolver estos asuntos. Acudir a los tribunales es poner de manifiesto que has perdido, para siempre, todas las oportunidades posibles de diálogo con tus hijos o hijas, yernos o nueras. Hay que recordar lo que recientemente dijo el Papa Francisco el día de san Valentín a los novios: No hay esposo perfecto, tampoco hay esposa perfecta… ni tampoco suegra perfecta. De ese modo, si somos capaces de hacernos autocrítica, seremos capaces de ver qué tipo de esposa, madre y suegra somos, y corregir por ahí lo que impide escuchar y resolver las cuestiones domésticas de este tipo con nuestros hijos. 

Sentencia del Tribunal Supremo. El derecho de los abuelos

Mi matrimonio, de fiesta en fiesta