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Nuestra carta a los Reyes Magos

Ahora solo nos queda que los Reyes Magos de Oriente se acerquen a nuestros corazones y a nuestras casas para llenarnos de paz y de bienes. Sin embargo, en estos días de atrás, hemos notado la ausencia de seres queridos que ya no están con nosotros. Y otros, quizá, que estando, están allende las fronteras y no ha sido posible el encuentro familiar. Más triste aún son las historias que te cuentan de que hermanos entre hermanos no se hablan, por los problemas que surgieron entorno a las herencias de sus progenitores, y por ello la Navidad ha sido algo horrorosa en el interior más profundo de sus almas. Probablemente, y por separado, cada uno o cada una tendría razón, pero todas las posiciones u opiniones juntas suelen resultar explosivas. Muchos padres y madres demuestran, en vida, auténticas diferencias entre los hijos, generando entre ellos, sin querer, celos, envidias y pequeños odios. Es lastimoso, pero en estas cosas los padres y madres a veces nos equivocamos sin querer hacer daño a nadie. Así que vamos a pedirle a los Reyes Magos de Oriente que nos traigan mucho entendimiento y discernimiento, cargado de amor, para poder resolver poco a poco estas fracturas en la familia, y aunque la herencia haya sido simbólica, es decir, ni la mitad del salario mínimo interprofesional y prorrateadas las pagas, lo mejor es no romper los lazos de sangre, porque agrian el corazón y se te queda cara de vinagre. Ese será nuestro Oro, Incienso y Mirra para esa gran noche de la ilusión que celebraremos junto al Niño Jesús en Belén, en la noche antes al día de la Epifanía del Señor. Ahora tú, escribe la tuya, está en blanco.

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