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Sí que trae cuenta casarse

Hemos escuchado en la santa misa del día 16 de agosto, el pasaje del evangelio de san Mateo 19, 3-12, que está dedicado, de una manera específica, al matrimonio y al divorcio. Es el siguiente:

“En aquel tiempo se acercaron a Jesús unos fariseos y le preguntaron, para ponerlo a prueba: ¿Es lícito a uno despedir a su mujer por cualquier motivo? 

Él respondió: -¿No habéis leído que el Creador, en el principio, los creó hombre y mujer, y dijo: Por eso abandonará el hombre a su padre y a su madre, y unirá a su mujer y serán los dos una sola carne? De modo que ya no son dos, sino una sola carne. Pues lo que Dios ha unido, que no lo separe el hombre. 

Ellos insistieron: ¿Y por qué mandó Moisés darle acta de repudio y divorciarse? 

Él les contestó: Por lo tercos que sois os permitió Moisés divorciaros de vuestras mujeres; pero al principio, no era así. Ahora os digo yo que, si uno se divorcia de su mujer –no hablo de impureza- y se casa con otra, comete adulterio. 

Los discípulos le replicaron: Si esa es la situación del hombre con la mujer, no trae cuenta casarse. Pero él les dijo: No todos pueden con eso, sólo los que han recibido ese don.”

Y así es. El don es la vocación al matrimonio que se llenará de la gracia que Dios infundirá en el momento en el que los futuros esposos establecerán el compromiso matrimonial, al momento de casarse. La gracia sacramental recibida, incrementada con la eficacia de los otros sacramentos, será el impulso divino para llevar adelante los designios de Dios a lo largo de toda la vida conyugal, que, si Dios quiere, será muy larga.

*En la foto, san Mateo en el frontis de la Catedral de Lima

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