junio 30, 2013

La gran aventura de la Evangelización

Los medios de comunicación nos han ofrecido imágenes de personas que se quieren, se besan, lloran... se abrazan por el advenimiento de un nuevo amparo jurídico en USA para las parejas del mismo sexo. Su felicidad se ha manifestado ampliamente. Y, sin pausa, ya han comenzado simultáneamente otras nuevas noticias sobre la persecución de homosexuales en países de Sudamérica. La orquestación de la información dirigida se sucede coreográficamente. Y así seguiremos, pues el loby homosexual en el mundo es muy fuerte. Hay que tener en cuenta que es un loby de intereses económicos y no un loby en defensa de los derechos humanos fundamentales de las personas homosexuales, pues saben que sus uniones son estériles y por lo tanto, para sucederse a si mismos, es necesario otro tipo de sucesión, diferente al de la ley natural.

Por otro lado, estamos los que creemos que el matrimonio es la unión de un hombre y una mujer en una sola carne, para toda la vida y ante Dios. Es una realidad. Es la ley natural desde la concepción del mundo. Y a la vez es exigente, muy exigente. Son pocas palabras pero difíciles de explicar y ejercitar, para ello hay que formarse y rezar.

¿Qué podemos hacer?

Al igual que Jesucristo enviaba un grupo de mensajeros delante de Él para que le preparasen el terreno y tener una multitud que le escuchara, nosotros, los católicos, hoy somos aquellos mensajeros. Y lo que tenemos que hacer es hacer apostolado. Hagamos como lo hagamos, cada uno y cada una, según sus circunstancias, hay que hacer apostolado de la doctrina de Cristo y del matrimonio cristiano. Es muy probable que siempre no nos quieran escuchar ni leer, o no seremos bien recibidos donde vayamos. Tampoco a Jesucristo lo quisieron en todas partes… Como hoy leíamos en el Evangelio de la misa, yendo a Samaria camino de Jerusalén no quisieron escucharle.

Hemos de redoblar los esfuerzos, no desanimarnos por la disparidad y el rechazo de nuestro apostolado. Es urgente evangelizar sobre el matrimonio natural, y haciéndolo viviremos una gran aventura, pues la evangelización es un gran trabajo de amor por los demás, hablando, escribiendo, escuchando, comprendiendo, transmitiendo amor, siempre.
   
*La gran aventura de la evangelización:segundo párrafo del punto 58. Carta apostólica Novo Milenio Ineunte, beato Juan Pablo II



Mi matrimonio, de fiesta en fiesta