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Al límite


Hay momentos en la vida que te viene todo de golpe, los disgustos son continuados, muy variados y durante una buena temporada. Tienes entonces muchas ganas de echar a correr, te sientes al límite. Pero obviamente no se puede echar todo al traste, ni temporalmente, ¡Más faltaría! Hay que aguantar el tipo con paz y serenidad. 

Nosotras las mujeres, que por nuestra naturaleza somos (en general) más serviciales y cariñosas, vemos más allá de lo concreto y material, por intuición o perspicacia, o ambas. Y sin darnos cuenta, nos gustaría que los hombres que tenemos cerca apreciasen ese TODO que vivimos, sentimos y sufrimos, y, además, que lo vean con nuestros mismos ojos. Sin embargo, esto solo es fruto de nuestra imaginación, y ésta solo existe en nuestra mente. Así que dándole vueltas de que si ésta, éste o la otra... fueran de otra manera, o porqué se sufre tanto, o porqué no llegan ya las vacaciones, o porqué me roban la paga extra, pensar y darle vueltas a cosas inútiles, se convierte en una pérdida de tiempo. Así que lo mejor es buscar la paz en la oración diaria, mirando a nuestra Madre del cielo, pedirle ayuda, tomar infusiones relajantes, que además son diuréticas, vigilar la presión sanguínea no sea que del subidón de los disgustos o las discusiones, nos vayan a salir todavía más arrugas, pues por más discutir no vamos a ganar más batallas. 

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