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El compromiso a medias

El uso de las palabras sin demasiado conocimiento de ellas produce confusiones de conceptos en la sociedad y en las mismas personas que las utilizan. En ese sentido, trato nuevamente de hacer pequeñas distinciones semánticas de lo que se dice que es también matrimonio: vivir como compañeros.

La etimología de la palabra compañero es la de aquel que comparte el pan (com panis) y hoy en día tiene un uso muy amplio, hasta incluso el de compartir la vida, equivalente a la vivencia dentro del matrimonio, sin serlo. Sin embargo, compañero es el colega del trabajo, el de la oficina, de la industria, del negocio, por poner unos ejemplos.

El compañerismo vivido en pareja a veces se establece por contrato para comprar la vivienda, estableciendo el compromiso realmente no con la mujer o  con el hombre al que amas sino con la entidad de crédito que ha proporcionado la hipoteca. El compañerismo también puede darse entre las personas que comparten piso, utilizando individualmente cada uno una habitación, con el fin de repartir entre todos los gastos, algo muy común en tiempos difíciles. En cambio esposo y esposa no equivalen a colega ni a compañero de trabajo, ni de piso ni de viaje.

Así pues muchas parejas viven confusamente como si fueran marido y mujer, y en realidad son compañeros de vuelo, queriéndose mucho sí, pero sin casarse. Por lo tanto, les falta lo más importante: el aspecto esponsal de la entrega total al otro, el compromiso real y profundo respecto del otro, y mantienen una relación de amor a prueba permanente, poco segura.

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