abril 25, 2012

La luz de tu rostro, Señor

La lectura del Libro de los Salmos es una constante oración a Dios, Padre y Creador nuestro. Cualquier fragmento es una alabanza, esa otra manera de rezar, además de pedir por nuestras necesidades, de pedir perdón por nuestras faltas y pecados y dar las gracias por todo lo recibimos, tanto si nos gusta y como si no nos gusta. 

Este pequeñísimo extracto del Salmo 4 (9) es una oración deliciosa para antes de irnos a dormir por la noche:

En paz me acuesto y en seguida me duermo,
porque tú solo, Señor, me haces vivir tranquilo.

 En La Biblia, Antiguo Testamento

Mi matrimonio, de fiesta en fiesta