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La donación de uno

Darse del todo al otro, a tu esposo, a tu esposa, no es compatible con el egoísmo, ni con el auto escucharse, ni con el victimismo ni con el yo imprecativo. Por eso nadie puede decir que es fácil llevar adelante el matrimonio cristianamente, antes al contrario, es un camino de esfuerzo, de felicidad y de santidad. La sexualidad de cada cónyuge que se funde en una sola carne, el Beato Juan Pablo II nos ayuda a entenderla al profundizar en el estudio y en la reflexión de la Exhortación Apostólica FAMILIARIS CONSORTIO (a  la que ya me he referido en otras entradas), y de la que podemos deducir que el uso de la sexualidad no es un mero mecanismo de obtención de placer:

“La sexualidad, mediante la cual el hombre y la mujer se dan uno a otro con los actos propios y exclusivos de los esposos, no es algo puramente biológico, sino que afecta al núcleo íntimo de la persona humana en cuanto tal. Ella se realiza de modo verdaderamente humano, solamente cuando es parte integral del amor con el que el hombre y la mujer se comprometen totalmente entre sí hasta la muerte. La donación física total sería un engaño si no fuese signo y fruto de una donación en la que está presente toda la persona, incluso en su dimensión temporal; si la persona se reservase algo o la posibilidad de decidir de otra manera en orden al futuro, ya no se donaría totalmente”.

Punto 11, (quinto párrafo)

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