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En la noche de bodas

Hoy hace una semana fui a la boda de la hija de unos amigos, estaba preciosa, a esta hora el enlace matrimonial ya se había producido. Fue una celebración maravillosa, presidió la elegancia y la simpatía de los novios y sus familiares, y todos los demás invitados intentamos estar a la altura. Pero lo que quiero destacar no es el aspecto festivo que resultó, gracias a Dios, todo perfecto, sino referir la primera lectura de la celebración eucarística. Es un fragmento del Libro de Tobit (o Tobías), del que se dice que fue escrito inicialmente en arameo y en el siglo III o IV antes de Cristo.

Tobías y Sara no solo se dan un tiempo para el amor, sino también un tiempo para Dios, rezando para que les acompañe toda la vida:

En la noche de bodas, Tobías dijo a Sara:
-“Mujer, levántate vamos a rezar, pidiendo a nuestro Señor que tenga misericordia de nosotros y nos proteja”
Se levantó, y empezaron a rezar, pidiendo a Dios que los protegiera. Rezo así:
-“Bendito eres, Dios de nuestros padres, y bendito tu nombre por los siglos de los siglos. Que te bendigan el cielo y todas tus criaturas por los siglos.
Tú creaste a su mujer, Eva: de los dos nació la raza humana.
Tú dijiste: “No está bien que el hombre esté solo, voy a hacerle alguien como él, que le ayude”
Si yo me caso con esta prima mía, no busco satisfacer mi pasión, sino que procedo lealmente. Dígnate apiadarte de ella y de mí y haznos llegar juntos a la vejez.”
Los dos dijeron:
-“Amén, amén”

Libro de Tobias, 8, 4b-8.

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