marzo 16, 2011

Un nuevo concepto de aritmética

En el enamoramiento no hay sumas y restas, todo te parece abundante, desde la guapura hasta todo lo demás. Él es magnífico en todo, y ella casi perfecta. En el matrimonio se va despejando la ceguera, es como si hasta entonces hubieras tenido la vista turbia, y poco a poco vas viendo como va el negocio. Y empiezas a sumar, yo he hecho esto, lo otro, traigo, pongo, no duermo, no vivo, me deshago por él. Y sumas mil al infinito. Y no cuadra el estado de cuentas, la aritmética clásica de que el Debe y Haber ha de dar lo mismo no sale, ni con la calculadora digital salen las cuentas como quieres. Asi que va y te dicen que vale más que no pierdas el tiempo en sumar, restar o hacer otras cuentas. Que te entregues y ames sin esperar, nada o casi nada, a cambio. Asi, de repente, recobras la vista, como San Pablo a los tres días de caerse de su caballo. La calculadora la dejas para otros menesteres. Y como dejas de ser una pesada, te administras y haces lo que puedes con el tiempo que tienes, te salen menos arrugas, y ves como él es limitado, ya no es aquel guerrero impetuoso que creías haber descansado, y le quieres más.

Mi matrimonio, de fiesta en fiesta